En noviembre de 1919, la joven norteamericana Sylvia Beach inauguró en París la librería Shakespeare and Company, tras haber desistido de abrir una librería francesa en Nueva York debido a los altos costos económicos que suponía. Así pues, apoyada por su gran amiga y también librera, la francesa Adrienne Monnier, Sylvia inició el fascinante camino a través del cual conocería a grandes escritores y pasaría a formar parte del encanto y la élite intelectual de una época inigualable.
Comenzó el pequeño negocio en la rue Dupuytren, implementando también una sección de préstamo que funcionaba a la manera de biblioteca. La censura en su país no permitía la publicación de algunas obras y pretendía limitar las posibilidades expresivas de los fecundos escritores contemporáneos. Fueron muchos los norteamericanos que decidieron establecerse en París en aquellos años.
La librería pronto se convirtió en un importante punto de encuentro para diversos escritores miembros de la Generación Perdida (Gertrude Stein aportó este apelativo), como Ezra Pound, Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, Djuna Barnes, Sherwood Anderson, etc., así como escritores franceses e ingleses: Paul Valéry, André Gide, Léon-Paul Fargue, Valéry Larbaud, Ford Madox Ford y James Joyce, entre otros (el ambiente del modernismo anglosajón en París queda plenamente descrito en estas páginas).
Sylvia conoció al carismático James Joyce, por el cual sentía una “gran adoración”, en 1920. Su figura ocupa la mayor parte de este libro, ya que las visitas del escritor irlandés a la librería comenzaron a ser muy frecuentes; los lazos de amistad se estrecharon y ella comenzó a involucrarse en todos los aspectos de la vida de Joyce (nos habla de su pasión por los idiomas, de sus problemas de la vista y de los interminables conflictos económicos por los que atravesó a lo largo de su vida), al grado de que cuando le fue difícil conseguir la publicación de Ulises en los países de habla inglesa debido a la fuerte censura, ella decidió aventurarse con la edición. En el libro que nos ocupa se narran, en forma muy amena, las vicisitudes por las que pasó esta obra, desde las infinitas correcciones y añadidos a la trama hechos por Joyce o el complicado color de las tapas requerido por él mismo, hasta la opinión de los lectores y la venta clandestina de algunos ejemplares en Estados Unidos.
Estando en este proceso, la librería se mudo a la 12 rue de l'Odeon, por lo que Shakespeare and Company se situó frente al establecimiento de Adrienne Monnier, con nuevas y más amplias instalaciones.
Este testimonio se construye desde el punto de vista de lo cotidiano, de la camaradería y de las relaciones interpersonales de los autores. Así, Ezra Pound se perfila como un gran ser humano interesado siempre en ayudar a los escritores que iniciaban su carrera literaria con dificultad; Hemingway, como el novel escritor que intentaba abrirse camino a toda costa mediante el impresionante bagaje cultural que le habían dado sus viajes y su aprendizaje por vía libre y no académico, y el “encantador” Valéry Larbaud como el autor cuyas obras, de acuerdo a la librera, eran “difíciles de apreciar en una traducción”.
Joyce se muestra agradecido con su editora y corresponde a sus atenciones en la medida de sus posibilidades, regalándole, entre otras cosas, el borrador original de Retrato del artista adolescente (gracias a la publicación de Ulises, Joyce pudo contar con una renta segura durante un tiempo). Para Sylvia fue muy triste ver al Ulises catalogado entre novelas eróticas y cuenta que muchos escritores se acercaron a ella pensando en que accedería a publicar alguna de sus obras (como ocurrió con D. H. Lawrence y El amante de Lady Chatterley), pero ella tenía más que suficiente con publicarle a un único escritor, aclarando en todo momento que nunca recibió una compensación económica razonable y que todos sus esfuerzos se dirigieron a contribuir en lo posible al mejoramiento de la vida intelectual y privada de Joyce.
Sylvia resume su trabajo como editora en unas cuantas líneas, refiriéndose a la obra de Lawrence y dejando en claro su sentir hacia la de Joyce: “Era difícil tener que decirle que yo no quería convertirme en una editora de libros eróticos, e imposible hacerle comprender que sólo había querido publicar un libro, porque ¿qué podían ofrecerme después de Ulises?”
Más adelante nos deleita con toda una galería de personajes y con situaciones memorables; nos habla de la vida diaria en Shakespeare and Company, gran centro cultural del momento, así como de las lecturas públicas y otros eventos. Nos cautiva también con imágenes de alguna corrección de Ulises y con fotografías donde comparte con extraordinarios escritores en su librería.
Como parte de la época, la librera no se olvida de las importantes revistas literarias que, aunque de corta circulación, captaron la esencia de ese periodo. Entre ellas se encuentran Transition, de Eugene Jolas, o Commerce, publicada en francés.
Sylvia habla de otras obras de Joyce, como Exiliados -su única obra teatral- y las dificultades de su representación al ser una obra poco humorística y, por lo tanto, poco rentable (lamentablemente Joyce ya no pudo presenciar su escenificación). Asimismo, se refiere a la grabación de Ulises que ella misma propició:
Otra grabación hecha por Joyce fue la de “Anna Livia Plurabelle” (Finnegans Wake), que puede escucharse aquí.
“Joyce había escogido el episodio del discurso de Aeolus, que, según decía, era el único que podía ser extraído del contexto de Ulises, además de que era ‘declamatorio’ y a la vez apto para ser recitado. Me dijo que había decidido que aquélla sería su única lectura de Ulises.”
[…]
“Ese disco de Ulises no se hizo como una aventura comercial. Le entregué a Joyce casi todas las copias para que las distribuyera entre su familia y amigos y nunca pensé en ponerlas a la venta hasta que, años más tarde, cuando atravesé dificultades económicas, tuve que desprenderme de uno o dos discos que me quedaban y obtuve por ellos un elevado precio.”
Otra grabación hecha por Joyce fue la de “Anna Livia Plurabelle” (Finnegans Wake), que puede escucharse aquí.
Sylvia público, en 1927, Poemes Penyeach, un minúsculo libro de poesía de Joyce y, en 1929, su “tercera y última publicación referente a Joyce”: una obra de ensayos sobre Work in progress (que posteriormente llevaría el título de Finnegans Wake). El escritor pidió a la librera ser también la editora de esta obra, pero ella ya no estaba muy dispuesta, por lo que la tarea pasó a otras manos:
En 1939, la guerra complicó las cosas y Sylvia presenta una breve e interesante descripción de los sucesos en París. Su librería permaneció abierta hasta que un oficial alemán decidió adquirir el ejemplar de Finnegans Wake que adornaba el escaparate. Ella le dijo que era su última copia y que no estaba a la venta, pero el hombre, enfurecido, amenazó con volver a confiscar toda la valiosa mercancía. La portera le facilitó a Sylvia el acceso a un apartamento en el mismo edificio, por lo que vaciaron la tienda enseguida cubriendo incluso el nombre de la librería, pero esto significó el cierre de Shakespeare and Company y la estancia de la librera por seis meses en un campo de concentración. Una vez fuera, decidió tomar precauciones y ocultarse en el Hogar de los Estudiantes, hasta la liberación de la rue de l’Odeon efectuada por Ernest Hemingway, quien “llevaba el uniforme de campaña sucio y ensangrentado”.
“Yo ya estaba empezando a sentirme bastante cansada de mi trabajo con Joyce y cada vez menos capaz de soportar sus requerimientos financieros.”En las últimas páginas, Sylvia habla de una Generación perdida que había cobrado gran notoriedad, del intento de Henry Miller por que le publicase Trópico de Cáncer y, entre otras cosas, del impacto de la Gran Depresión en su propio negocio. Fue André Gide quien acudió a salvarla, consiguiéndolo gracias a peticiones de ayuda al gobierno francés, suscripciones a la librería y lecturas públicas que realizaron el propio Gide, André Maurois, Paul Válery, T.S. Eliot e incluso el renuente Hemingway.
En 1939, la guerra complicó las cosas y Sylvia presenta una breve e interesante descripción de los sucesos en París. Su librería permaneció abierta hasta que un oficial alemán decidió adquirir el ejemplar de Finnegans Wake que adornaba el escaparate. Ella le dijo que era su última copia y que no estaba a la venta, pero el hombre, enfurecido, amenazó con volver a confiscar toda la valiosa mercancía. La portera le facilitó a Sylvia el acceso a un apartamento en el mismo edificio, por lo que vaciaron la tienda enseguida cubriendo incluso el nombre de la librería, pero esto significó el cierre de Shakespeare and Company y la estancia de la librera por seis meses en un campo de concentración. Una vez fuera, decidió tomar precauciones y ocultarse en el Hogar de los Estudiantes, hasta la liberación de la rue de l’Odeon efectuada por Ernest Hemingway, quien “llevaba el uniforme de campaña sucio y ensangrentado”. Esta obra constituye un maravilloso reflejo de la cultura forjada en el París del periodo entreguerras, una gran referencia literaria y una gozada desde cualquier punto de vista. Ahora continuaré con la lectura de Ulises ya que, como dice un querido amigo, no puedo esperar para apropiármelo una vez que el veneno me ha sido inoculado en las venas.

















