21 January, 2012

7. Reto #30libros. Uno muy divertido. El fantasma de Canterville – Oscar Wilde

Alianza Cien, 1993.  
Escritor irlandés (1854-1900).


En este  conocido relato que fue publicado por primera vez en una revista en 1887, destacan ciertos elementos satíricos que lo convierten en un verdadero gozo para el lector. 

Wilde elige una pequeña muestra representativa de la sociedad norteamericana, la cual se muestra indiferente ante los habitantes sobrenaturales de los ancestrales castillos ingleses, confrontando así a la modernidad americana con la rancia tradición fantasmagórica europea.

Pero la ironía de Wilde no se circunscribe a lo “moderno”, ya que satiriza a los propios ingleses al plasmar sus reacciones ante las apariciones ultraterrenas. Ambas culturas, contrapuestas, se desnudan ante la mirada certera de autor. 

El cuento inicia cuando Mr. Otis, ministro de América, adquiere Canterville Chase. Se le advierte profusamente de la presencia del fantasma;  lord Canterville incluso le narra varios sucesos escalofriantes, pero el ministro, con tono práctico y despreocupado, decide comprar la propiedad de cualquier manera, a la cual se traslada en breve con su familia aceptando contratar a Mistress Umney, la antigua ama de llaves. 

Lo primero que atrae la atención de los recién llegados es una mancha de sangre que Washington, el hijo mayor, se apresura a limpiar con el quitamanchas “Campeón Pinkerton”, iniciando así una larga cadena de humillaciones hacia el fantasma encabezada  por el propio Mr. Otis,  quien se atreve a ofrecerle una botella de engrasador para mitigar el sonido de sus chirriantes cadenas. 

El espectro se encuentra por primera vez en una situación terrorífica para sí mismo: por más que llegan a su memoria diversas situaciones célebres en las que acrecentó su fama y honor de ente escalofriante, falla en todos sus intentos por atraer la atención de la anodina e indiferente familia. Incluso los traviesos gemelos encuentran una fuente inagotable de diversión a costa suya.  Los Otis toman una actitud que lo ofende profundamente al pretender aliviar sus hechos y ruidos obligados de fantasma. 
“Jamás en toda su brillante carrera, que duraba ya trescientos años seguidos, fue injuriado tan groseramente. Se acordó de la duquesa viuda, en quien provocó una crisis de terror, estando mirándose al espejo, cubierta de brillantes y de encajes; de las cuatro doncellas a quienes había enloquecido, produciéndoles convulsiones histéricas […], del rector de la parroquia cuya vela apagó de un soplo cuando volvía el buen señor de la biblioteca a una hora avanzada, y que desde entonces se convirtió en mártir de toda clase de alteraciones nerviosas…”
Sus más oscuras elucubraciones son saboteadas al grado de que deja de reinventarse para  replegarse a un insignificante papel aterrador con el fin de  no perder la dignidad del todo.  
El recuento de  las experiencias a través de la muerte de Sir Simon, que así se llamó en vida el fantasma,  se va perfilando con maestría. Poco a poco va surgiendo ante el lector como un ser triste y dolorido por su condena, hasta que un día se encuentra con la hija de los Otis, la joven Virginia, quien sintetiza lo que caracteriza a su propia nación: 
“Conozco infinidad de personas que darían cien mil dólares por tener antepasados y que sacrificarían mayor cantidad aún por tener un fantasma de familia”. 
En esta parte de la obra confluyen la tristeza del fantasma que lleva trescientos años sin dormir, sin poder acostarse y descansar, más la predestinación y la esperanza contenida en las vidrieras de la biblioteca: 
“Cuando una joven rubia logre hacer brotar una oración de los labios del pecador, cuando el almendro estéril dé fruto y una niña deje correr su llanto, entonces, toda la casa recobrará la tranquilidad y volverá la paz a Canterville”. 
La bondad de la profetizada doncella logrará que el fantasma alcance el descanso eterno en el añorado jardín: 
“Allá lejos, pasado el pinar, hay un jardincito. La hierba crece en él alta y espesa; allí pueden verse las grandes estrellas blancas de la cicuta, allí el ruiseñor canta toda la noche…” 
La ácida crítica que se hace al vacío cultural estadounidense,  reflejado en la nula capacidad de asombro, se manifiesta también en la postura inglesa como reminiscencia hacia el romanticismo gótico del que también se nutre esta obra. 

Después de todo, el poder de la buena voluntad y de la solidaridad se conjuga con el de la redención del ser humano, otro de los temas capitales de este pequeño gran libro.

19 December, 2011

6. Reto #30libros. Uno de un Nobel. ¿Águila o sol? – Octavio Paz

FCE, 2001.
Escritor mexicano (1914-1998).

Las tres partes que conforman ¿Águila o sol? Se mueven entre la prosa y la poesía. La obra inicia con Trabajos del poeta [1949], donde diversos personajes encarnan vicios que el autor nombra como Tedevoro, Mundoinmundo, Carroña o Escarnio. Seres oscuros que impulsan al espectador a defenderse ante su malsana presencia y a la vez a preguntarse el porqué de su aparición inoportuna.
El poeta también observa a la Palabra, incluso llega “a cogerla por las puntas del pelo flotante”. Se ejercita en la escritura: “La tinta negra abre sus grandes alas”. En la noche inquietante y en el día lo macabro del mundo llega a su percepción.
Medita sobre la palabra y sus posibilidades renovadoras; las palabras pueden romperse, modificarse, reinventarse a cada momento; los lenguajes infectos también acuden a su mente en un ejercicio infinito de posibilidades:
Ronda, se insinúa, se acerca, se aleja, vuelve de puntillas y, si alargo la mano, desaparece, una Palabra.
Pero la Palabra se abre camino y nace con dolor, con el grito desgarrador que el poeta al fin logra sacar de sus entrañas, y que así, resonante, se esparcirá hacia el infinito.

La segunda parte del libro está compuesta por Arenas Movedizas [1949], colección de cuentos breves escritos en una prosa poética exquisita.
Entre ellos destaca El ramo azul, relato que refleja el mundo rural, mágico e incoherente y que recoge también el lenguaje cotidiano del lugar.
Un hombre decide dar un paseo nocturno, se le advierte del peligro pero nada lo detiene ante la belleza del paisaje:
Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas.
La amenaza acude con prontitud: cierto campesino le reclama los ojos por capricho de la novia que desea "un ramito de ojos azules". En el diálogo surrealista que tiene lugar a continuación, el hombre intentará convencer al amable agresor de que los codiciados ojos que posee no son azules, sino amarillos…

En Antes de dormir, se explora la voz interior mediante una metáfora del tiempo. Ese interior es quizá un doble que está siempre presente pero que a la vez contiene el desarraigo que angustia al personaje que, expectante, está siempre dispuesto a escucharlo (sin conseguirlo) y a cuestionar el sentido de la vida. Presencia y ausencia que finalmente se funden en soledad.

En Mi vida con la ola, un trozo del oleaje decide acompañar a un hombre en su existencia terrenal. Juntos experimentarán un juego erótico absorbente en una relación, como la ola, ascendente y descendente, que de aportar placeres termina por asfixiarlo. Se trata de un maravilloso cuento visual en el que las relaciones humanas quedan peligrosamente plasmadas.

Maravillas de la voluntad presenta a un ser aparentemente tranquilo e indefenso para más tarde revelar su naturaleza interior abyecta y acechante, a la que cualquiera puede estar expuesto.

Prisa es un cuento que habla del vacío que nunca se colma:
Tengo prisa por estar. Corro tras de mí, tras de mi sitio, tras de mi hueco. ¿Quién me ha reservado este sitio? ¿Cómo se llama mi fatalidad?
Prisa por vivir, por llegar a lo desconocido, por encontrar el sentido a lo que ya no oye ni observa, oquedad manifiesta.

¿Aguila o Sol? [1949-1959], última parte que da título al libro, es una colección de poemas en los que el autor intensifica algunos de los temas ya mencionados. Octavio Paz destacó la condición surrealista de esta obra que entremezcla en sus páginas el tema precolombino (como es el caso del famoso poema Mariposa de obsidiana) y las inquietudes del autor.

Imágenes incesantes van revelando diversas situaciones que se pueden ir entresacando del automatismo de la escritura. Se habla de los susurros de la naturaleza y del monólogo del poeta; de la salida intensamente buscada ante las resonancias interiores y del oficio de escribir (entre otros temas):
El poema prepara un orden amoroso. Preveo un hombre-sol y una mujer-luna, el uno libre de su poder, la otra libre de su esclavitud, y amores implacables rayando el espacio negro. Todo ha de ceder a esas águilas incandescentes.

Damos vueltas y vueltas en el vientre animal, en el vientre mineral, en el vientre temporal. Encontrar la salida: el poema.

Me encantaron sobre todo los poéticos relatos de Arenas movedizas.

03 December, 2011

5. Reto #30libros. Uno de viajes: Viaje a Samoa – Marcel Schwob

Ediciones Folio, 2004.
Escritor francés (1867-1905).


A esta obra la acompañan tres textos breves: La tumba de las aventuras, de Enrique Vila-Matas; Samoa como espectro, de Eduardo Jordá y Vida de Marcel Schwob, de Pierre Champion. 

Estos escritos adelantan buena parte de los sucesos narrados por Schwob pero, sobre todo, informan al lector los motivos que llevaron al autor francés a emprender tan tortuoso viaje: el principal fue la inmensa admiración que sentía por Robert Louis Stevenson, del cual fue traductor y de quien seguiría los pasos incluso hasta su tumba en la lejana Samoa. 

Schwob empieza a escribir las cartas a su esposa Marguerite Moreno (actriz francesa) en  octubre de 1901, a bordo del Ville de la Ciotat.  Él mismo aclara más adelante que dicha correspondencia le serviría de diario de navegación, por lo que se esmera en la profusión de detalles en los que intenta también entretener a la artista que se dispone a iniciar una gira representando Fedra. 

A Schwob lo acompaña su criado Ting, el cual le ocasionará más de un conflicto por la prohibición en varios puertos de que desembarquen chinos. El viaje inicia con incomodidades climáticas pero estas con frecuencia se diluyen en la prosa del escritor ante la belleza del paisaje:
¿Cómo explicarte el azul intenso de este mar? Es zafiro, pero zafiro vivo; es el color de los ojos de las mujeres que nunca se han visto y que son transparentes, pero insondables, con una especie de pureza a la vez límpida y sólida, alegres, vivos, únicos bajo este cielo azul pálido y blanco de bruma. Y la cresta de este oleaje de zafiro está hecha de polvo de diamantes líquidos, que escapa como un ligero copete de plumas, a través del cual el sol introduce el arco iris. 
Schwob describe sin tapujos su antipatía ante lo insulso de los pasajeros e incluso reproduce algún diálogo chusco o pretencioso que  pone en evidencia la "odiosa calidad" de los mismos. Le molesta la etiqueta obligada de unas cenas a las que acuden solamente unos pocos y el asombro ante el vaivén de la gran embarcación recién estrenada se refuerza por las náuseas y los vómitos que aquejan a la mayoría. 

Las tonalidades de cielos y mares de acuerdo a la posición del disco solar van siendo  animosamente plasmadas por la pluma de Schwob, así como las atmósferas húmedas y soporíferas que tiene que ir tolerando a costa de su salud.  
Al hacer una escala en Djibouti, visita su plaza y advierte el trato injusto que se da a los nativos que se esfuerzan en atenderlo o en venderle algo. El pequeño Alí no deja de abanicarlo ni un instante, siempre con una enorme sonrisa en los labios. Pero los negros son castigados por molestar a los europeos y se ve obligado a interceder por ellos, dejando en claro su forma de pensar: "La bestialidad de la raza blanca tiene un fondo de estupidez y de ferocidad desconocidas"

La vida a bordo le resulta anodina, Schwob vuelve una y otra vez a las descripciones de los retrasos de navegación y los malestares ocasionados por el vaivén del barco. También arremete con cierta frecuencia contra los "imbéciles de a bordo". 

 En Colombo se hospeda en el Gran Hotel Oriental. Desde ahí le cuenta a su adorada esposa la llegada a Ceilán, los bellos matices del mar, de las nubes, el calor colmado de humedad ante el fenómeno del monzón y lo variopinto de sus habitantes:
"Un tumulto de cingaleses, de hindúes, de tamules, de malayos, de musulmanes; los cingaleses con sus largos pelos negros, sus ojos salvajes y su diadema de concha; los hindúes con turbante rojo, blanco o  a rayas; los tamules con una mancha azul en medio de la frente…"
La descripción del mercado ofrece todo el exotismo del lugar: 
El mercado, increíblemente de oriente, con sus montones de cocos frescos, verde-amarillos, o anaranjados, o también oscuros y fibrosos, abiertos, pelados; los aleros cargados de racimos de plátanos azul Prusia o amarillo; sacos de tela marrón repletos de arroz, y las papayas como melones de agua tallados como esmeraldas, y el agua de coco…
Un poco después, en Kandy, realiza una memorable excursión que recordará incluso en cartas venideras (al menos en dos ocasiones retrocede para profundizar en las impresiones sobre algún paraje en particular). Los templos budistas dejan honda huella tras su paso por Ceilán: 
En todos estos templos las escenas del  infierno budista están representadas mediante frescos pintados sobre los muros exteriores, detrás de las columnitas. Los demonios de mujeres se convierten en horribles monstruos en colores de descomposición verdusca, blandiendo tridentes y vomitando fuego.
El dos de diciembre se dirige a Sidney a bordo del Polynésien; de igual manera describirá el paisaje australiano, haciendo notar la desolación de sus siniestras costas y la majestuosidad del albatros y su vuelo. La impaciencia por llegar al destino final no se hace esperar, pero cuando logra su propósito aparece en las cartas el tema de la salud. El autor se siente  fatigado, con "reumatismo y debilidad en las piernas". Las duras jornadas a través de mar y tierra han cobrado su cuota y la salud de por sí precaria termina por desvanecerse. 

El treinta de diciembre describe a los samoanos como una "raza espléndida", se esfuerza en aprender el idioma y promete a los niños tusi (escribir) una tala (historia), haciendo con esto un guiño al Tusitala ("narrador de historias") Stevenson, cuya tumba no llegará a visitar. "Soy un talk-man, un tulafale, un tusitala, y me piden que les cuente historias hasta la media noche o la una de la madrugada". 

Pese a todo, el diez de enero expresa con vehemencia el deseo de volver, se encuentra extenuado y sin recursos monetarios. Enferma de neumonía, se entera de que el Manapouri está anclado en el puerto y tiene la suerte de contactar al capitán Crawshaw, quien amablemente le facilita el traslado al barco para emprender el  sinuoso regreso a Francia. 

El relato de este accidentado periplo resulta agradable de leer por la hermosa prosa poética que va coloreando diversos horizontes y ambientes. Se ilustra además con precisión la condición tan incómoda hasta de los más eminentes viajeros que deseaban incursionar en el exotismo de tierras lejanas. La fascinación ante la idea de recorrer esos lugares podía quedar eclipsada por la rutina de navegación y las inclemencias del tiempo, aunque en el lector agradecido del presente y del pasado permanezca únicamente el primor de los detalles y la cálida sensación de haber viajado a través de las palabras. 

27 November, 2011

4. Reto #30 libros. Uno que le gusta a todos menos a usted: Mr. Vértigo – Paul Auster

Anagrama, 2004.     
Escritor norteamericano, 1947. 


Esta es una historia que ha gustado a muchos, que condensa elementos interesantes y temáticas profundas, pero que a mí no me convenció.

Walt es un chico huérfano que vive con unos tíos que no se interesan por él en lo más mínimo, un muchacho como cualquier otro pero en el cual el maestro Yehudi  (hombre de origen húngaro y padres judíos que creció en Brooklyn) ve características ocultas: si se esfuerza y sigue sus enseñanzas, algún día podrá levitar e incluso volar. 

En primera persona, Walt va narrando los sucesos principales de su vida:  “El maestro Yehudi me eligió porque yo era el más pequeño, el más sucio y el más abyecto”.   Viaja con su mentor a Kansas donde conoce a madre Sue, una india sioux que en adelante lo apoyará en todo, y a Aesop, joven etíope que ha absorbido los conocimientos del maestro y que se dispone a ingresar a la universidad. 

Este pequeño grupo, condenado al ostracismo por el racismo imperante y los peligros que suponía un encuentro con el Ku klux klan, vive bajo sus propios y precarios medios de producción en una aislada granja en Kansas. La condición discriminatoria se advierte en el propio Walt, quien en un principio se niega a dar la mano a Aesop.  El largo aprendizaje físico y moral que estaba por venir le enseñaría, antes que a volar, a conocer la realidad de la condición humana, tan viciada en su interior y tan representativa con respecto a sus semejantes: 
"El único que me mostraba verdadera bondad era Aesop, pero yo estaba  en contra de él desde el principio, y nada de lo que él pudiera decir o hacer cambiaría eso. Yo no podía remediarlo. Estaba en mi sangre sentir desprecio por él, y dado que era el ejemplar más feo de su raza que yo había tenido la desgracia de ver, me parecía disparatado que estuviésemos viviendo bajo el mismo techo. Iba contra las leyes de la naturaleza, transgredía todo lo que era sagrado y correcto y yo no iba a permitirme aceptarlo". 
Con el tiempo, Walt aprendería a ver a Aesop  como un ser inteligente y su concepción racial se transformaría aunque con una comprensión escasa: al observar detenidamente al muchacho y entender sus razonamientos y aptitudes, decidiría que  la única opción es que seguramente había nacido blanco. 

Este preámbulo sobre la educación de Walt y las pruebas de valor y esfuerzo terribles  que tuvo que realizar para poder acceder al don de poder elevarse se alarga demasiado a través de los intentos de escape del chico, el sufrimiento y la dureza rayana en la crueldad del maestro hacia él. 

Walt va perdiendo la voluntad y al fin se rinde a los designios del maestro Yehudi; el día soñado llega y la levitación se hace efectiva. Después vendrían las prácticas constantes, el debut, los viajes a través del país y la fama.  La primera actuación se da en 1927, con años difíciles por venir. Aunque la obra no ahonda en conflictos políticos o sociales, sí nos va remitiendo a las distintas épocas por  las que atraviesa Walt, empezando por la de la Gran Depresión. 

Unos años después, Walt se convierte en adolescente y con esto pierde su preciada facultad. La castración sería la única forma –un tanto incierta- de conservarla, pero él prefiere preservar  la virilidad que empieza a surgir en él con una fuerza indomable. 

Muchos otros sucesos tendrían que ocurrir en adelante, como el reencuentro con la mezquindad del tío Slim (con el que vivió al quedarse huérfano) y con otros personajes a lo largo de incontables vivencias tan duras como crueles. 

La novela posee un buen planteamiento que además seduce al lector por el elemento fantástico que supone el poder volar, pero en conjunto es  muy irregular. Algunas partes se extienden demasiado mientras  que otras se precipitan. Es una historia de vida y aprendizaje que demuestra que las repercusiones traumáticas no siempre definen el camino en forma positiva. Walt no lo tuvo fácil, en su sendero vital se encontró con individuos excepcionales dispuestos a favorecerlo en todo lo posible, pero no en todos los casos se logra apartar las piedras del camino. 

La última parte supuestamente redentora echa mano de situaciones forzadas y  la verosimilitud del personaje tambalea por ciertas actitudes incomprensibles.  La novela promisoria pasó a ser  -desde mi punto de vista-  una obra un tanto entretenida cuyos elementos narrativos no se encuentran bien equilibrados (quizá este hecho fue el que afectó en gran medida mi percepción de la lectura).  

No lo recomendaría ni lo volvería a leer, pero no hay duda de que muchos han disfrutado con él. 

20 November, 2011

3. Reto #30libros. Uno que sea un placer culposo: El abanico de seda – Lisa See

Escritora francesa, 1955.
Salamandra, 2006.

Empecé este libro con cierta culpa “bestsellera” al estar consciente de que me iba a encontrar con una obra lineal en la que podría disfrutar de las costumbres y tradiciones chinas, tal como me ocurrió alguna vez con las del Japón en Memorias de una geisha, de Arthur Golden.

Al comenzar a recorrer sus páginas no me defraudó (de acuerdo con las expectativas que había puesto en él). La historia está narrada en retrospectiva por una mujer de ochenta años que nos cuenta su vida desde que era una niña menospreciada por su madre en un mundo en el que sólo los varones eran dignos de ser tomados en cuenta.

La belleza femenina se concentraba en el tamaño de los pies, en los diminutos "lotos dorados" que hacían que las mujeres caminaran con pasos cortos y sensuales para deleite visual de sus maridos, y que constituían también un símbolo de represión profundamente machista que se detalla en la novela de principio a fin.

Así pues, bajo un doloroso proceso que comenzaba alrededor de los seis años, se conseguían las anheladas deformaciones que desde el punto de vista occidental representaron una verdadera carnicería que terminó al prohibirse en 1911 por el gobierno comunista (ante la influencia extranjera).

Lirio Blanco narra la historia de sus "años de hija", cuando una casamentera descubrió posibilidades maravillosas en sus pies que le permitirían ascender en la escala social mediante un matrimonio provechoso. Tal circunstancia hizo que la niña pudiese tener una laotong, es decir, una amiga, un alma gemela con quien compartiría dichas y sinsabores a lo largo de su vida. La relación entre ellas se describe con una intensidad y pasión insólitas, rozando incluso la voluptuosidad: se amarían más entre ellas que a sus propios maridos.

Las mujeres se comunicaban secretamente a través del nu shu, escritura femenina de trazos fonéticos que -al parecer- quedaba fuera del alcance de los hombres. Lirio Blanco y su laotong, Flor de Nieve, tendrían una vasta comunicación a lo largo de los años con la ayuda de un abanico y de telas primorosamente bordadas con esos caracteres.

En los "años de cabello recogido", se representaba a un fénix mediante el peinado que simbolizaba el cercano casamiento: “Si una hija no se casa no vale nada; si el fuego no arrasa la montaña, la tierra no será fértil”. Las jóvenes se preparaban con ahínco para confeccionar ajuares que les durarían toda la vida: trajes para fiestas, para el uso diario e incluso para los "años de recogimiento". La curiosidad les hacía preguntarse sobre los misterios del “trato carnal” que tendrían con sus esposos y que estaba tan ligado a la belleza de sus pies:
“Más tarde comprendería que para una mujer no hay nada más íntimo que sus zapatillas de dormir y que para un hombre no hay nada más erótico que ver la blanca piel de una mujer desnuda realzada por el rojo intenso de esas zapatillas”.
Los "años de arroz y sal" correspondían a la vida en casa de los suegros bajo la terrible responsabilidad de procrear hijos varones para poder sostener un puesto privilegiado en el hogar: “mejor tener un perro que una hija”. La inicial obediencia a los padres se trasladaba a la del marido y la suegra: las mujeres trabajaban duramente durante todo el día sirviendo a sus nuevas familias, recibiendo maltratos que acataban con docilidad y en muchos casos crueles golpizas por parte de sus esposos. “La única protección real que teníamos las mujeres era la apariencia plácida que ofrecíamos, incluso en los momentos de mayor angustia”.

Estos y otros aspectos similares conforman la parte rescatable de una obra que refleja una gran cantidad de comportamientos y costumbres, como las celebraciones o ritos suscitados ante cada uno de los acontecimientos importantes en la vida. Su riqueza en este sentido es excepcional.

Sin embargo, la parte anecdótica me pareció muy floja, sobre todo hacia el final por convertirse en un burdo melodrama. Mi “placer culposo” creció en forma desmedida al preguntarme si no hubiera sido mejor investigar tradiciones sin tener que internarme en una novela de estas características.

No volveré a leer a Lisa See, aunque no dejo de reconocer que El abanico de seda es un libro que seguramente ha encantado a muchos lectores. Por mi parte, me quedaré con lecturas que protejan más –como leí una vez por ahí- la “salud literaria”.

Imágenes de los "lotos dorados" en este enlace.

12 November, 2011

2. Reto #30libros. Uno que se haya demorado en leer: Gringo viejo – Carlos Fuentes

 Alfaguara, 2007
Escritor mexicano, 1928.


Gringo viejo es uno de esos libros que flotaron en el entorno familiar desde mi temprana adolescencia pero que nunca llegué a leer. Hace poco pude remediar este primer retraso, ya que otro posterior, aunque distinto, no dejó de presentarse: una vez iniciado tardé más de lo debido en finiquitarlo.  

Aunque no se puede negar que Porfirio Díaz hizo mucho a favor de la modernización del país, los problemas derivados de una infinidad de abusos y usurpaciones a los campesinos ocasionaron fuertes críticas que poco a poco se fueron introduciendo en el sentir del pueblo mexicano. La Revolución estalla en 1910 y Díaz se ve obligado a abandonar el país en mayo de 1911, muriendo en París en 1915. Tras un gobierno interino, Francisco I. Madero accede a la presidencia,  pero Victoriano Huerta, general designado por Madero para sofocar una revuelta encabezada por un pariente de Díaz, lo traiciona y lo manda asesinar.

En este contexto se sitúa la obra: mientras que los “federales” siguen a Huerta, las tropas constitucionalistas rebeldes se dividen en diversas facciones lideradas por Francisco Villa y otros caudillos. El gringo quiso luchar con Villa en contra de los federales.  

La figura del gringo viejo está inspirada en el escritor Ambrose Bierce, que en 1913 decidió cruzar la frontera y sumergirse en los peligros de un país en pleno conflicto armado: “El gringo viejo vino a México a morirse”. La ficción subsiguiente (todo parece indicar que nadie volvió a saber de él una vez que hubo cruzado la frontera) nos va mostrando lo que pudo haber sido del gringo y otros personajes, como Harriet, mujer norteamericana con la que comparte algo más que la nacionalidad, además de militares como el general Arroyo o el coronel Frutos García. 

La novela posee un sabor mexicano inconfundible, sobre todo a través de los diálogos regionalistas, los diminutivos como "ahoritita" o "maestrita" y la visión propia del escritor,  porque a cada momento va desgranando las causas del movimiento revolucionario, describiendo el abuso de los "señoritos", ricos hacendados que casi se nos descubren como señores feudales con derecho de pernada. Debo aclarar también que la Revolución mexicana propició enormes excesos perpetrados por los propios afectados iniciales (muchos hacendados se vieron obligados a huir). Fueron tiempos de hambre, violencia y saqueos descontrolados. 

La prosa de Fuentes en este libro se disfruta mucho por estar cargada de imágenes simbólicas, símiles y prosopopeyas: 
"Las vertientes de la sierra eran como viejas bestias cansadas surgidas del vientre de una montaña infinitamente indiferente y generadora de sí."
"Pero Arroyo sabía que las montañas ya estaban gritando, de abismo a cima, de cueva a cañada, sobre barrancas y riachuelos secos como los huesos de las vacas: ha llegado un hombre valiente, anda suelto un valiente, un hombre valiente ha puesto pie en nuestras piedras." 
Los personajes se encuentran envueltos en su propia visión interna que surge mediante destellos fugaces pero significativos. El gringo desearía compartir sus sueños con los de Harriet y este es el pretexto para ingresar en sí mismo, en su "sueño de la muerte".  También nos habla en general sobre el universo onírico que prolonga la visión del interior: 
"…llegó a ver y comprender en los escasos minutos que dura un sueño que, más tarde, la memoria o el olvido restaurarán como un argumento largo, poblado de detalles, de arquitecturas y de incidentes."
Harriet y el gringo se relacionan hasta el punto de las confidencias. Aparecen referencias al escritor a través de obras como el Diccionario del diablo o El club de los parricidas, además de un mordaz Decálogo
"No adoréis más imágenes que las que aparecen en las monedas de vuestro país; no matéis, pues la muerte libera a tu enemigo de su constante penar; no robéis, es más fácil dejarse sobornar; honra a tu padre y madre, a ver si te heredan fortuna.”
Fuentes retoma la amargura de la vida de Bierce para recrearla en la ficción, el personaje se culpa de no haber dado a su esposa e hijos lo que les correspondía, pesando en su ánimo la muerte de dos de ellos. También menciona su trabajo como periodista en el diario de William Hearst, quien al parecer explotó sus aptitudes (e impulsos críticos) para beneficio propio. 

Se habla de Estados Unidos en relación a México porque los colonizadores del norte prácticamente exterminaron a los indios de esa zona, mientras que en estas tierras se fomentó el mestizaje debido al catolicismo y a que, pese a los desmanes, los monarcas españoles reconocieron a los indígenas como súbditos de la corona.
"Estamos capturados en este negocio de matar eternamente a la gente con otro color de piel. México es la prueba de lo que pudimos ser, de manera que mantén bien abiertos los ojos."
El gringo se enfrenta a la doble cuestión de pertenecer a una nacionalidad mientras contempla el sentir de otra tan distinta y contrapuesta a la suya. La visión crítica que funde o delimita las fronteras internas y externas constituye un aspecto importantísimo a lo largo de la narración. 

El relato se va diluyendo en obsesiones que se repiten una y otra vez tanto en la realidad como en universo onírico que va cobrando más fuerza. Asimismo, aparece el conflicto simbólico religioso ante las imágenes católicas tan censuradas por el protestantismo que se asume como poseedor de "un Dios de verdad que nunca podría sangrar, comer, fornicar o evacuar, no como el Cristo mexicano”.  

Más adelante, la figura del gringo se desdibuja un poco para dar paso al vínculo entre Harriet y Arroyo. La redención implícita parece ser buscada por los tres personajes y los hilos se van hilvanando a través de conexiones recíprocas. Arroyo percibe en Harriet al ser con el que puede hablar de su origen sin conflictos, al venir ella..
"…de una tierra tan lejana y extraña como los Estados Unidos, el otro mundo, el mundo que no es México, el mundo distante y curioso, excéntrico y marginal de los yanquis que no disfrutaban de la buena cocina y de la revoluciones violentas o de las mujeres sujetas o de las iglesias hermosas y rompían todas la tradiciones nada más porque sí, como si sólo en el futuro y en la novedad hubiese cosas buenas..."
Según Arroyo, el movimiento revolucionario los ha hecho un poco como esos extranjeros "inquietos, moviéndose, olvidando su antigua fidelidad a un solo lugar y un solo paisaje y un solo cementerio..."

Entre otros personajes destaca la mujer con cara de luna, especialmente a través de la historia que protagoniza con su marido en un pasado no muy lejano y que constituye una buena excusa para hacer un retrato de los tiempos inmediatamente anteriores a la revolución (de los cuales Agustín Yáñez hace también una exposición magnífica en Al filo del agua): tiempos de represión religiosa en que la mujer no era más que un objeto indigno al que se prohibía procurar placer sexual. 

Hacia el final,  mediante la voz de Harriet, se reconoce a la revolución como un "movimiento asfixiante en el que todos están capturados". Los avatares del amor y de la guerra se plasman en buena medida mediante sentimientos de pérdida y de cara a la muerte en todo momento. 

Pero qué es la vida sino esos instantes que permanecerían en la memoria de Harriet en esta historia reminiscente que abre y cierra con las mismas palabras: "Ella se sienta sola y recuerda".

Otras cuestiones importantes que se manejan en buena medida por medio de símbolos, además de las que delimitan fronteras tangibles o intangibles, son las raciales del propio México (nunca ha sido necesario ir más lejos), las religiosas y la evolución de la revuelta captada desde el pensar y sentir de esos campesinos tan resentidos y dañados. La figura de Bierce no es más que el pretexto para construir este entramado histórico complejo desde diversas perspectivas.

No cabe duda de que Carlos Fuentes es un gran narrador. Les recomiendo la película de Luis Puenzo, protagonizada por Jane Fonda y Gregory Peck. 


Imagen: Ambrose Bierce (1842-1914)

06 November, 2011

1. Reto #30libros. Uno que leyó de una sentada: Los demonios de la lengua – Alberto Ruy Sánchez

Punto de Lectura, 2008.
Escritor mexicano, 1951.

“El demonio está en la mente de los hombres: su nido es la idea misma de santidad, de perfección, de cielo en la tierra.”

Leí este libro hace tiempo, pero una nueva edición ampliada me llevó al reencuentro con la alucinante historia de cierto predicador, cosa que, como en la primera ocasión, hice casi sin pestañear.

En relación a la versión anterior, las principales diferencias que pude encontrar son el notable incremento explicativo en el prólogo más el anexo de una especie de relato titulado El olor del sueño.

El escritor empieza por hablar de esta versión aludiendo a un conocimiento más profundo de los misterios del Tratado sobre los demonios de la lengua, cuyas hojas fueron escritas por medio de un espejo y en un idioma extraño que le ha costado ir descifrando. Los papeles originales se los entregó el dueño de una librería parisina que se aseguró antes que nada de que dichos textos fuesen leídos a través de la duda, piedra angular de la narración.

El autor a quien se atribuye el tratado es Juan Antonio Llorente, quien fuera comisario y secretario del Santo Oficio, y en 1801 expulsado de la congregación por haber escrito obras reformistas. Llorente fue condenado al exilio y cuando al fin pudo volver a España murió al poco tiempo con la lengua dolorida e inflamada. Este sacerdote había confiado oportunamente sus papeles a un judío, cosa que jamás hubiera cruzado por la mente de los inquisidores por tratarse de “la personificación del demonio”, y es así como llegaron en nuestro tiempo a las manos del escritor del libro que nos ocupa.

Tratado de los demonios de la lengua atribuido a Juan Antonio Llorente

“En la noche sin nombres, sin respuestas, sin orillas; en la noche muda de nuestro cuerpo, aguardan impacientes los demonios de la lengua.”

En esta parte se narra la historia de un predicador jesuita cuya lengua medía “medio metro y algo más”. En un principio se habla de la vanidad como su primera debilidad, la “vanidad del que se siente más cerca de Dios por tener la lengua más larga, más útil a su causa…” Un demonio aprovecha esta circunstancia para introducirse en él y la realidad y la metáfora de las dimensiones de la lengua se magnifican por medio del gran poder de oratoria y convencimiento del predicador.

El jesuita comienza a transformar los placeres más simples en culpa, por lo que gozo y oración se suceden continuamente al buscar un camino redentor; cielo e infierno aparecen entrelazados por actitudes y conductas cotidianas donde el pecado aparece a cada instante.
La supuesta aparición de un ángel y un cisne es el detonante que propicia el ambiente onírico y disparatado en que el predicador vislumbra escenas engañosas entremezcladas con impulsos claramente sexuales que en el plano real lo inquietan sobremanera:
“En la agitación que siguió dentro y fuera de sí mismo, al monje le vino por un instante la sensación de que ahí, tirado en el suelo, apuñalaba a un cisne que quería violarlo. Luego, él mismo era el cisne que violaba al ángel, y finalmente él había sido el ángel mientras desechos de nube vieja le habían caído en las manos”.
El predicador entra en un estado febril y “místico”, lo cual provoca desconfianza en la comunidad: en una religión de intermediarios, las iluminaciones directas son difíciles de aceptar. El ángel continúa surgiendo en su mente en forma lúbrica y las dudas sobre el bien y el mal empiezan a torturarlo. Aun así, colmado de la angelical presencia, pretende ser un elegido: sus sueños húmedos denotan placeres ignotos que se empeña en deificar. El tono blasfemo aparece a través de imágenes cristianas y la inquietud sobre la presencia de Dios o del Mal encarnado en la aparentemente límpida figuración se vuelve tormentosa.

No voy a ahondar más ni a descubrir el desenlace de esta historia (que me resultó fascinante por segunda vez), así que pasaré directamente al anexo antes mencionado, con el cual cierra la obra:

El olor del sueño. El tormento heterodoxo de Marcelino Menéndez Pelayo

Ya en el prólogo se nos advierte sobre el encono de don Marcelino hacia el dominico Juan Antonio Llorente, para él un “modelo de cura herético y traidor a la patria”. Pero ni siquiera este erudito de los siglos XIX y XX estuvo exento de los poderes demoniacos, ya que según una tradición oral que más tarde se fijó por escrito, los demonios de la lengua se apoderaron de sus sueños a través del fruto prohibido que lo remitía en las siestas intranquilas a los pechos de la andaluza Juana, mejor reconocidos como manzanas de las cuales saboreaba lechosos jugos. Pero el fruto llevaba implícito el castigo ulcerándole la lengua mientras el Bien y el Mal se disputaban el dominio del órgano parlante.

La incursión a la religiosidad de una época inmersa en los opuestos del bien y el mal y en la estrechez de miras se impone en una obra primorosamente labrada donde convergen diversos elementos que ejemplifican las voces o las conciencias de aquellos días y donde los linderos inciertos de la ficción y la realidad redundan en un mayor impacto en el lector.

Imagen: El sueño de la razón produce monstruos, Francisco de Goya.

04 November, 2011

El reto de los treinta libros



A pesar de que este reto se ha llevado a cabo en varios blogs, no había tenido noticia de su existencia hasta que Gabriel me lo comentó. En seguida, cual fervientes lectores, nos surgió la inquietud de llevarlo a cabo, por lo que tras unas cuantas charlas basadas en cuestiones de fondo y forma -yo sin duda hubiera preferido concentrarme en un solo post-, acordamos la publicación simultánea una vez por semana en lugar de hacerlo diariamente como se propone en el blog 30 libros.

No puedo dejar de reconocer que la vertiente más racional de Gabriel siempre acaba por imponerse: tardé poco en darme cuenta de la conveniencia de escribir por semana para no tener que echar mano continuamente de lecturas recientes y posiblemente ya reseñadas (aunque tampoco dejo de notar que me hubiera funcionado muy bien en el caso de mi pretendida única entrada).


En breve publicaremos el primer post.


El reto 30 libros:


1. Uno que leyó de una sentada.
2. Uno que se haya demorado mucho en leer.
3. Uno que sea un placer culposo.
4. Uno que le gusta a todos menos a usted.
5. Uno de viajes.
6. Uno de un nobel.
7. Uno muy divertido.
8. Uno para leer por fragmentos.
9. Uno con una excelente versión cinematográfica.
10. Uno con una pésima versión cinematográfica.
11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar.
12. Una biografía.
13. El primer libro que leyó en su vida.
14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.
15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.
16. Uno ruso que sí haya leído.
17. Uno de este año.
18. El que más veces ha leído.
19. Uno que lo haya sorprendido por bueno.
20. Uno que lo haya sorprendido por malo.
21. Uno de cuentos (no valen antologías).
22. Uno de poemas (no valen antologías).
23. Uno que le gustaría volver a leer en su vejez.
24. Uno que no le prestaría a nadie.
25. Uno para aprender a perder.
26. Uno que asocie con la música que le gusta.
27. Un libro que le regalaron y no le gustó.
28. Uno que lo haya asustado.
29. Uno que se haya robado.
30. Uno que pueda salvar vidas.

05 October, 2011

La música del azar - Paul Auster

Anagrama, 1998.
Escritor norteamericano, 1947.

Cuando pienso en el azar y en el “si hubiera”, imagino situaciones de causalidad meditadas, si cabe, en las que el ser humano al menos pretende tomar cierto control de su vida. Pero en esta obra Paul Auster disecciona el tema del azar de una manera en que la toma de decisiones apresurada y ligada al “dejarse llevar”, se engendra en un acontecimiento tan fortuito como propicio para originar una cadena vertiginosa de situaciones que escapan a todo intento de dominio.

Nashe, el protagonista, anhela romper con el pasado para poder dirigirse hacia el futuro sin conflictos tras ser abandonado por su mujer y haber obtenido la herencia de un padre que nunca se ocupó de él. Nashe se sumerge en las múltiples sensaciones que concede una libertad sin límites y libre de preocupaciones: "su vida estaba en sus manos".
 Auster define la necesidad monetaria en una forma muy particular y no exenta de razón:  "La verdadera ventaja del dinero no era poder comprar cosas: era el hecho de que le había permitido dejar de pensar en el dinero". 

Así, pues, sin el conflicto de siempre (la obtención de dinero), la idea del azar comienza a perfilarse desde el momento en el que el protagonista conduce a gran velocidad el recién adquirido Saab rojo sin dirigirse a ningún lugar en específico. Sostiene que puede manejar su vida sin detenerse a pensar en que es presa de la casualidad porque así lo ha decidido el mismo al dejarse llevar por las circunstancias y no por decisiones razonadas. Como es lógico, después de un periodo de intensa libertad los recursos comienzan a menguar y con ello el goce que tanto había disfrutado. A la suerte cede también el destino de sus últimos dólares debido al fortuito encuentro con Jack Pozzi, un joven jugador de póquer que planea hacerse rico derrotando a los millonarios Flower y Stone. Nashe decide probar las aptitudes de Jack antes de decidirse a entrar al negocio del cual será socio capitalista y esta parte de la trama se dedica a ilustrar ciertas particularidades del juego como la observación atenta del contrincante, crucial para definir el curso de los acontecimientos (al poderse adivinar cuestiones relativas a las cartas).

Estos primeros capítulos son muy anecdóticos y el desarrollo de la novela no es previsible. Una vez en casa de los jugadores millonarios, Flower narra la historia de su bonanza al haber comprado un billete de lotería en base a los números primos. Tanto él como Stone habían planeado toda una vida en torno a las posibilidades del premio y no hicieron más que llevarla a cabo cuando percibieron los cuantiosos ingresos que pronto multiplicaron. Después se entregarían a sus aficiones, tan bizarras como ilusorias en buena medida, aunque apasionantes para ellos:  
…cultivamos otras cosas. Nuestros intereses, nuestras pasiones, el jardín de nuestras mentes. Da igual el dinero que tengas. Si no hay una pasión en tu vida, no vale la pena vivir”.
 Nashe comienza a incomodarse ante el ambiente extravagante de la casa y esto funge como presagio de la tortura de la cual sería objeto más adelante.
"La situación comenzó a deprimir a Nashe y llegó un momento en que apenas podía pensar más que en lo absurdo de su estancia allí, enumerando las extrañas conjunciones del azar que le habían llevado a aquella casa en aquel momento". 
La forma de vida de Flower y Stone resulta desconcertante, ni Nashe ni Pozzi consiguen definir la naturaleza de dos seres que existen de acuerdo a los mundos estrafalarios que han construido a su alrededor y que reflejan en cierta forma las chifladuras de quienes no saben qué inventar para gastar su dinero.

El ambiente hasta este punto no llega a ser tan sofocante pero en cambio la expectación va en aumento: los motivos y las intenciones reales de los acaudalados anfitriones flotan en el aire mientras los otros personajes se mueven a través de la intuición y de los detalles que sólo les permiten atisbar la verdadera situación que les rodea.

  Pozzi pierde el juego estrepitosamente tras apostar hasta el último centavo, empeñar el Saab rojo y endeudarse más allá de sus posibilidades iniciales. Es por esto que tanto él como Nashe de pronto se encuentran enfrentados a una sola opción: tendrán que permanecer un tiempo en ese lugar para construir un muro con piedras de un castillo traído de Europa, una excentricidad más de los millonarios que a continuación desaparecen de escena y cuyas figuras, por consiguiente, adquieren dimensiones colosales de misterio y poder.

Nashe expresa la idea de desarraigo y  el hecho de que después de dos años de aventura se siente "de nuevo en cero". Tal vez por eso no le molesta demasiado la idea de hacer el trabajo: en realidad no sabría qué camino tomar y por eso la paciencia acude a él en los momentos cruciales. Pozzi, en cambio, lo percibe como un trance tortuoso, como un abuso terrible e insoportable que sólo puede ir sorteando mediante la serenidad y resignación de su amigo. Las sensaciones de ambos ante lo ocurrido comienzan a fundirse en la palpable vejación psicológica que llega a sobrepasar cualquier esfuerzo físico que pudiesen realizar. 

La trama continúa con esos virajes inesperados hasta convertirse en una sofocante novela de género negro. Pozzi es víctima de un suceso extraño e insoportable para Nashe, quien además muestra signos de hastío al grado de que el vacío se apodera de él: en los últimos capítulos la carga anímica se le hace tan pesada que busca evadir hasta sus propios pensamientos, se siente incapaz de salir adelante e incluso ejemplifica esta idea con la de cierta pieza musical que "continuaba avanzando hacia una resolución que nunca llegaba".  El trastorno de Nashe toma caminos sinuosos, se ha quedado estancado y sin la posibilidad de vislumbrar un futuro; el suplicio mental empieza a madurar una idea de venganza que cobra vida de manera inesperada.

Se trata de una historia del azar que se construye en buena medida en base a omisiones y que explora grandes temas humanos a través de diversos matices, como la incertidumbre y la soledad de seres que se ven arrojados a la difícil vida cotidiana enmarcada en las necesidades económicas que derivan en afectos o enconos, en anhelos jamás colmados y en otras situaciones complejas que se suscitan en base esto. 
La otra cara de la moneda expone también una tesitura conocida: la obtención inesperada de recursos puede resultar incluso más destructiva que la tan odiada vida anodina en la que tanto se echaban de menos.
Es el dinero lo que da la libertad y lo que la quita en esta novela, los personajes se encuentran atrapados por la mala decisión de abandonarse a su suerte y no es de extrañar que con un poco de esfuerzo el destino se vuelva inexorable.  




30 July, 2011

Cómo me hice monja – César Aira



Era, 2005.
Escritor argentino, 1949.
Novela corta, publicada en 1993, que fue seleccionada por el periódico español El país como uno de los diez mejores libros de ficción en 1998. 

En esta obra la protagonista hace un relato en retrospectiva trasladándonos a la época en que tenía seis años, recién llegada a Rosario, gran ciudad en relación a Coronel Pringles, pueblo en el que ni siquiera había tenido la ocasión de probar un helado. 
Y es precisamente el asunto del helado el que da inicio a esta novela por demás curiosa, ya que el padre le había descrito dicha exquisitez de tal forma que había crecido en su mente “hasta formar las dimensiones de un mito”.
A continuación se dan una serie de situaciones hilarantes y un tanto grotescas que culminan con el asesinato del heladero a manos del padre por haber vendido un producto descompuesto que de hecho casi lleva a la muerte a la niña, la cual distingue al desagradable suceso como determinante para su proceder en el futuro. 

A partir de esto, la narradora/protagonista se ocupa en desvelar los procesos interiores que guarda en su memoria prodigiosa y así van surgiendo los contrastes que fabrica en su mente, a través de los cuales va forjando todo un sistema lúdico que asume como forma de vida al buscar la diversión a cada instante. Pero el juego resulta retorcido y bastante siniestro: cualquier momento es oportuno para desconcertar a quienes la rodean y para sumergirse en el goce de lo contradictorio, siendo una de sus víctimas su propia madre:
“A mí todo lo que me gustaba se me volvía un vicio, una manía. No conocía términos medios. Mamá tuvo que resignarse, aunque le causaba toda clase de problemas e inquietudes. Lo que yo hacía eran “persecuciones”. La dejaba adelantarse, cien metros más o menos, y me escondía y la iba siguiendo escondida.”
El personaje se asume como mujer, pero quienes conviven con ella le dirigen la palabra como si se tratase de un niño, bajo el nombre del propio autor: César Aira. Desde mi punto de vista, esta confusión acerca de su sexualidad es solo una forma más de fraguar la incoherencia o lo antagónico, sin que esto me haga excluir alguna posible connotación homosexual.

El plano real y el ficticio con frecuencia están bien delimitados, aunque el objetivo es el desdoblamiento de la realidad mediante la transformación en su imaginación, dando lugar a mundos paralelos, oníricos y felices (no exentos de cierta dosis de perversidad inherente a la esencia de la chiquilla):

"El sueño real era la forma de la realidad como felicidad, como paraíso. En el mismo movimiento la realidad se hacía delirio o sueño, pero el sueño también se hacía sueño, y eso era el ángel o la realidad". 

El soñar -probablemente despierta- abre la puerta a un mundo estimulante al que se entrega por completo: 
"Yo me arrojaba como un vampiro sobre la ilusión: vivía de la sangre del paraíso fantasmal".

El título de la obra resulta un tanto confuso, así que no puedo más que aventurarme con alguna conclusión en base a la afirmación de la protagonista sobre "la esencia de lo sagrado" y de la "vocación" que apareció en ella a partir de lo ocurrido en la heladería (para mayor precisión en relación a las arcadas producidas por el desagradable helado de frutilla):
“En ese punto la ficción se confundía con la realidad, mi simulacro se hacía real, teñía todas mis mentiras de verdad. Es que las arcadas tenían para mí un carácter sagrado, eran algo con lo que no se jugaba. El recuerdo de papá en la heladería las hacía más reales que la realidad, las volvía el elemento que lo hacía real todo, contra el que nada se resistía. Ahí ha estado desde entonces, para mí, la esencia de lo sagrado; mi vocación surgió de esa fuente”. 

Por lo tanto, su vocación “sagrada" (que de acuerdo a mi percepción alude al título monjil) podría tratarse simplemente de una metáfora de lo opuesto: sus actuaciones apuntan precisamente a una inclinación contraria a lo que podría esperarse del proceder de una monja en el sentido ideal al que esta palabra nos remite, además de la inmensidad creativa que surge de todo esto y que apunta al propio escritor. 

El final –que no voy a revelar- se cierra en torno a un acontecimiento impactante,  pero todo parece indicar que se trata de una nueva fabricación mental (para quienes ya leyeron esta obra me remito al momento en el que habla de cuando tenía catorce años).  Un disfrute más al concluir el relato confundiendo al lector.                                                          
Me pareció muy innovadora esta composición tan osada entre realidad y fantasía que se narra desde un tiempo y un lenguaje lejanos a los seis años de la protagonista, donde la memoria puede distorsionar los hechos haciéndolos aún más grotescos, ilusorios o ridículos, no obstante teñidos de autenticidad de acuerdo a la intención dual que se observa en el personaje.  

A pesar de ser un escritor muy prolífico es la primera obra que le leo; me gustó tanto que sin duda iré por más.


12 July, 2011

El mar – John Banville

Novela ganadora del premio Man Booker 2005. 
Anagrama, 2006. 
Escritor irlandés, 1945. 

“Se marcharon, los dioses, el día de la extraña marea. Las aguas de la bahía, toda la mañana bajo un cielo lechoso, habían crecido y crecido, alcanzando alturas inusitadas, las pequeñas olas inundaban una arena reseca que durante años no había conocido otra humedad que la lluvia y lamían las mismísimas bases de las dunas”. 

Bajo este escenario marítimo arranca esta evocadora novela sobre las sensaciones y remembranzas de quien "vive entre los escombros del pasado". Max Morden ha perdido a su esposa tras un arduo año de dolor y enfermedad, motivo por el cual busca un refugio que pueda abstraerlo de la realidad, mismo que encuentra, “guiado por un sueño”, en ciertos recuerdos de su infancia. 

 A través de una prosa muy trabajada, Morden comienza la reconstrucción de las etapas principales de su vida y así nos adentramos en una historia que se va entretejiendo a través de diversos planos: el de la situación que vivió con Anna, su mujer; el regreso a Los Cedros tras la muerte de ésta en el pueblo costero en el que pasó muchos veranos de su niñez al lado de la familia Grace y donde ahora compartirá el espacio con un viejo coronel y con  la señorita Vavasour, encargada del inmueble, y la rememoración de los días que pasó en ese lugar cuando tenía once años.

Morden además se dedica al arte y  tiene en mente finalizar en Los Cedros un proyecto sobre la obra del pintor Pierre Bonnard, por lo que las referencias a sus cuadros son frecuentes en la novela. El propio Banville ha declarado  ser un enamorado del arte pictórico porque le ha ayudado a observar la realidad muy de cerca. Dejo este enlace donde también habla de ciertos aspectos autobiográficos plasmados en El mar, entre otras cosas.  


Los cambios temporales que van entrelazando los diversos escenarios se disuelven con sutileza mientras el protagonista aprovecha cualquier circunstancia para expresar sus inquietudes y observaciones, como el sosiego y la quietud de la juventud que aparece ante los ojos de quienes la buscan en retrospectiva, la vergüenza ante la turbación que provoca la enfermedad y que estropeó muchos de los últimos momentos que pasó con su mujer, o la turbación que un joven tímido puede sentir cuando percibe la actitud primaria de sus padres mientras es observado por miradas ajenas. 

Las descripciones tan profusas y poéticas del inicio vuelven con frecuencia; el libro puede ser leído en un sin parar porque las ideas se van sucediendo en forma vertiginosa y además están aderezadas por párrafos especialmente hermosos, aunque yo preferí hacerlo a pequeños sorbos para degustarlo mejor.  

Los personajes que se van presentando no son más que un pretexto para redondear al protagonista, para extraer los pensamientos y meditaciones que hace sobre sí mismo: los esbozos que revelan la percepción desafortunada sobre su hija y otros recuerdos sirven para continuar con su propia confrontación entre el presente y el pasado a través de una gran riqueza expositiva. 

Max Morden declara su cobardía y busca protección en el pasado: 
"Esconderme, protegerme, guarecerme, es lo único que he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme ahí encogido, oculto a la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire". 

Morden ha decidido ocultarse en un pasado lejano que reconstruye a la manera imperfecta que permite la imaginación, pero con amplitud de detalles e imágenes visuales y olfativas que le dan un tono singular a la novela. Entre los vaivenes del frío mar, el protagonista recuerda el verano en el que conoció a los Grace, familia compuesta por los esposos Carlo y Constance, los gemelos Myles y Chloe -a quienes unía un vínculo tan sombrío como vigoroso- y Rose, la chica que se encargaba de cuidarlos y que encerraba en su interior un sentimiento amoroso que es aclarado hasta el final. 

Destaca además la percepción tan acusada del propio cuerpo en el personaje, especialmente tras la pérdida de su esposa, porque Max llega a describirse a sí mismo como un despojo, lo cual se plasma en el texto en toda su crudeza. Esta conciencia de los procesos orgánicos se enlaza en cierta forma al despertar a la sensualidad en su niñez/adolescencia mediante las descripciones de la señora Grace: en este verano de aprendizaje, el joven Morden conoció los inicios de la pasión a través de la representación mental que de ella compuso en su mente. El chico la desea pero al mismo tiempo es capaz de verla tal cual es, manifestando con esto su atracción hacia los aromas primarios, hacia la humanidad mostrada en su forma más elemental, cosa que permanece en la edad adulta, ya que reconoce que de su esposa le sedujo ese olor a "estofado de la vida misma".  Esta atracción pronto descubre un mejor objetivo en Chloe, ya que sus edades aproximadas los acercan mediante un amor incipiente al que va sucumbiendo el protagonista sobre todo mediante los placeres olfativos que tanto le cautivan. 

En cierto momento empezó a llamarme la atención el concepto que Morden va manifestando sobre sí mismo, más allá de la acusada percepción de sus procesos corporales y de la multitud de imágenes de todo tipo (siempre olfativas en primer lugar) que se desprenden de su contacto con otros. Morden no escatima esfuerzos para mostrarse tal cual es: 
"Bebo como alguien que acaba de enviudar, una persona de escaso talento y más escasa ambición, agrisada por los años, insegura y errante y que necesita consuelo y el efímero alivio del olvido que provoca el alcohol". 

Y acerca de la muerte de su mujer:
"Puta, maldita puta, cómo has podido dejarme así, revolcándome en mi propia inmundicia, sin nadie que me salve de mí mismo. Cómo has podido". 

Esto se consolida con el temor irracional que el personaje padece ante la idea de que el verdadero Yo quede al descubierto a través de las fotografías que siempre intentó evitar a toda costa. Morden es un individuo que rehúye la realidad porque no puede compaginarla con su propio ser, que se oculta en un pasado que durante toda la novela se manifiesta como iniciático y aparentemente feliz, hasta acabar enlazado al presente por la idea de la muerte/pérdida con que queda revestido y con otros detalles reveladores que se van mostrando a lo largo de la trama. 

Los recuerdos deformados por la imaginación y la visión del presente van conformando una secuencia que nos desvela su existencia como un todo, donde ni la historia relativa a sus padres o las vicisitudes de su matrimonio quedan ocultas a los ojos del lector. El personaje nos habla de sus deseos de destacar en medio del clasismo imperante, de su condición de oportunista, del camino en el esfuerzo de recapitular el conocimiento sobre sí mismo: la inmersión en su problemática es muy intensa.

Es magistral esta confluencia del pasado y del presente recortada sobre las imágenes poderosas de un lenguaje exquisito que hacia el final se hace todavía más fluido; las disolvencias que se suceden con más frecuencia en este punto también señalan la destreza de Banville en su labor como escritor.

En la última parte se recrudece el aspecto siniestro de la relación entre Chloe y Myles y se esclarece la verdadera intención amorosa de Rose, pero estas páginas no lograron atrapar mi atención como lo hizo la condición del protagonista desde un principio.  El manejo de los procesos interiores de Max Morden logra eclipsar cualquier otro intento de desarrollo temático. 

                                               Imágenes de Pierre Bonnard