
Mondadori, 2006.
Escritor norteamericano, 1933.
Nos encontramos con una obra concebida desde la ancianidad de protagonista y que de hecho inicia con su muerte para hacer una retrospectiva que finaliza en forma circular.
A través de la vejez conocemos profundamente al personaje que desde la soledad y el cuerpo debilitado por las enfermedades, nos lleva a un duro paseo por su vida a partir de los años infantiles en que fue hospitalizado y encaró por primera vez a la muerte encarnada en el joven compañero de la cama de al lado.
La muerte es el hilo central que conduce al relato, aunque sin dejar de lado otros aspectos de la vida del narrador contados en forma sencilla y amena, tal como ocurre con sus matrimonios y divorcios al haberse visto siempre irremediablemente atraído hacia las carnes mórbidas de las mujeres jóvenes, sus sensaciones de envidia ante la salud de hierro de su antes amado hermano mayor o el sentimiento paternal tan amoroso destinado a su hija Nancy.
Pero lo que cobra importancia en esta obra es la sensación de soledad en la vejez, un sentimiento atroz al no poder conquistar y enamorar a las mujeres de nuevo, al verse vencido por el paso del tiempo y sus males subsecuentes.
“Lo peor de estar insoportablemente solo era que debías soportarlo, pues de lo contrario te hundías. Tenías que esforzarte por impedir que tu mente te saboteara con su ávida revisión del pasado pletórico”.
Este pasado se añora con dolor, si bien es cierto que en esta novela no abunda precisamente el pesimismo, sino el pensamiento y la certeza de la más cruda de las verdades que aguarda a cada ser humano:
“La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre”
El protagonista se asume como un ser profundamente inteligente y reflexivo; no entiende cómo es que otras personas de su edad pueden consolarse a través de la alegría de los nietos e incluso cobrar nuevas esperanzas y motivos para seguir adelante a partir de una circunstancia como esa.
Nuestro personaje se hace plenamente consciente de la soledad que le invade, lamenta la separación de su última esposa pero sin que le abandone el deseo por experimentar placeres en otros cuerpos menos desgastados. Observa los procesos de la muerte desde distintos ángulos, contemplando el destino humano a través del “sufrimiento mortal de cada hombre y mujer a los que había conocido durante sus años de vida profesional, de la dolorosa historia de pesar, pérdida y estoicismo de cada uno, de miedo, pánico, aislamiento y terror de haber conocido cada cosa que les había sido arrebatada y que en otro tiempo había sido virtualmente suya…”
El estilo se circunscribe a los límites de la sobriedad en una historia objetiva y bien estructurada que se asimila intensamente.
Philip Roth














