Confusión de sentimientos – Stefan Zweig


Gernika, 1999 (edición original: 1926).
Escritor austriaco (1881-1942).

Nunca deja de sorprender la capacidad de Stefan Zweig de internarse en los recodos de las pasiones humanas. En este caso se exploran a través del joven protagonista, Roland, quien narra sus días de estudiante irresponsable en Berlín hasta que, gracias a la vergüenza de haber sido descubierto por su padre en plena desidia, decide mudarse a una pequeña y reputada universidad en la provincia. En ahí donde conoce al profesor de filología inglesa, hombre que desde un principio lo envuelve en un torbellino fascinante por su profundo interés en Shakespeare y por el vehemente entusiasmo con el que transmite sus conocimientos.

Roland se instala en el piso superior al de su maestro y esto propicia un interesante contacto continuo que culmina en la disposición del joven por ayudar al erudito a escribir y publicar un antiguo e inconcluso proyecto sobre el Teatro del Globo

A partir de entonces, todas las tardes dedican una hora a tan provechosa tarea y todo sería regocijo si no fuese porque el profesor empieza a transmitir a su discípulo una inmensidad de sensaciones negativas y muy oscuras que lo desazonan profundamente.
“Si, en mi ambicioso celo, tomaba yo la iniciativa de algún acto de complacencia, súbitamente, en medio de la conversación, él apretaba los labios y una palabra irónica me rechazaba. Cierto es que después al ver que me apartaba humillado y turbado, su mirada calidad y envolvente se posaba nuevamente en mí, para calmar mi desesperación… ¡Pero cuán raro, cuán raro era eso...!”
 Y así, basta un gesto o una frase ruda para que los días y las noches se transformen en una situación in crescendo que provoca un inquietante malestar que en el libro se percibe como un ambiente denso en que el desasosiego pesa mucho más que las horas amenas que coexisten en él. 
“Vanos fueron mis esfuerzos por tratar de tranquilizarme: como cosido en el negro saco de una pesadilla infrangible, luchaba yo con todas mis fuerzas para hallar una explicación y para salir de la misteriosa confusión de esos sentimientos contradictorios.” 
La influencia sobre Roland es tan profunda que éste, a fuerza de querer imitar el gusto por un tema o por el estudio en general, logra disparar el ansia intelectual aunque no tanto por sí mismo como por la mediación del otro, ya que sin la presencia del docente no se siente impelido a actuar en cuanto a su propia formación. 

No voy a desvelar las causas de esta confusión, que más que de sentimientos es de actitudes y percepciones, pero en esta obra se guarda un sombrío secreto que el joven tal vez por juventud e impericia no reconoce desde un principio. 

Roland recuerda estos sucesos determinantes en su vida cuando él mismo es un profesor sexagenario. A pesar de la distancia, los hechos se narran con el ímpetu con el que fueron vividos en ese momento lejano en el que la admiración hacia la personalidad y el saber de un individuo pudieron influenciar profundamente a quien apenas emergía al mundo del conocimiento. 

Zweig, sin palabras que condenen a los personajes, describe los delirantes arrebatos que ciertas condiciones arrojan al ser humano al abismo de un mundo hostil y negado a aceptar la diversidad de sus impulsos.  

                                                         Stefan Zweig
                                                    *Imagen tomada de Internet


La solterona - Edith Wharton


Impedimenta, 2013. 
Escritora norteamericana (1862-1937).

Enmarcada en pleno siglo XIX en Nueva York, esta novela retrata la vida de las altas esferas sociales desde el punto de vista femenino. Sin embargo, más que describir cuestiones externas o cotidianas, incursiona en los niveles de conciencia alcanzados a partir de los hechos y sus consecuencias. 

Delia, joven y respetable esposa de uno de los miembros de las mejores familias, está decidida a ayudar a su prima Charlotte a concretar un matrimonio similar al suyo. Sin embargo, la futura desposada tiene un grave problema: ha tenido una hija con Clem Spender, gran amor que Delia nunca pudo concretar por el carácter bohemio de éste.
La confesión de Charlotte a Delia hace que esta última tome las riendas de la vida de su prima y su hija, haciendo en lo sucesivo el papel de madre y relegando a su prima a un segundo plano.
“Qué fácil resultaba… y sin embargo, ¡no debía ser! Pasara lo que pasara, no podía dejar que Charlotte Lovell se casara con Joe Ralston. Todas las tradiciones del honor y la probidad en las cuales se había educado le prohibían ser cómplice de semejante trama.” 
Es en torno a esta idea que gira todo el asunto; el personaje principal en realidad es Delia y no la solterona Charlotte. La escritora deja entre líneas las verdaderas intenciones de Delia y el ser que en apariencia demuestra un interior cargado de afabilidad, comprensión y generosidad para con sus parientes en realidad esconde sensaciones muy oscuras que quedaron bajo un velo desde que deseaba –aparentemente con fervor-  convertirse en la mujer de Spender.  Así, la hija de su antiguo amor pasa a ser de su propiedad, y en lugar de permitir a la pobre Charlotte un matrimonio provechoso, promueve una venganza de raíces soterradas por tratarse de quien gozó realmente de las mieles del amor con él.
“Charlotte, como madre de Tina, tenía todo el derecho del mundo a querer estar cerca de ella, cerca de ella en todos los sentidos de la palabra; ¿qué títulos tenía Delia para oponerse a aquel natural privilegio?”
Las verdades asoman a cada instante pero quedan arrinconadas en los espíritus de los personajes debido a los convencionalismos de la época y por la propia situación de cada uno. Es una historia terrible que se oculta bajo un tamiz de benevolencia: el agredido tiene que tolerar al agresor además de sentirse plenamente satisfecho por las bondades recibidas. Nunca será buena idea interferir en la vida de los demás tratando de adueñarse de la suerte y los destinos.

El final aparenta ser conmovedor, pero me parece que esta novela puede leerse desde dos perspectivas, una sin duda mucho más edulcorada que la otra. 

Viento del este, viento del oeste – Pearl S. Buck


DeBolsillo, 2003 (edición original: 1929).
Escritora norteamericana (1892-1973).
Premio Nobel de literatura, 1938.

Pearl S. Buck expone su profundo conocimiento de la cultura china tradicional a través de esta novela en que la joven Kwei-lan hace un recorrido a lo largo de importantes etapas de su vida manifestando la intensidad de las arraigadas tradiciones y la complejidad para aceptar la influencia de la cultura occidental. 

Kwei-lan se ve obligada a casarse con un hombre de su condición social, deber que toma de buen grado porque para eso ha sido educada. Llega al matrimonio orgullosa de su atuendo, de sus pies vendados y de la educación que ha recibido para agradar a su marido. 

Pero la realidad a la que se enfrenta es muy distinta porque el añorado esposo ha estudiado en occidente; es un buen médico que vuelve a china para implementar sus conocimientos. Cumple con el deber de casarse con la mujer que han elegido para él, pero la indiferencia se apodera del matrimonio para tristeza y desasosiego de Kwei-lan.  
“Me adornaré los cabellos con flores de jazmín, calzaré las sandalias de raso bordadas de azul y saludaré a mi señor cuando entre… Lo hago así, pero es en vano. Sus ojos corren inmediatamente hacia otras cosas…; las cartas abiertas encima de la mesa, los libros. Para mí, ni un solo pensamiento.”
Sin embargo, la muchacha es inteligente y dentro de sus limitaciones pronto entiende que debe interesarse por el punto de vista del esposo y tratar de comprenderlo para poder hacerse llamativa ante sus ojos. Es así como empieza por permitir que éste le retire las vendas de los pies, cosa que se hace en un momento crucial para impedir la completa e irreversible deformación que desde la perspectiva occidental era completamente bestial.  
“Mi marido no era hombre que se pudiese seducir alegrándole los sentidos con flores y perfumes, o con una pipa de opio. La belleza física no bastaba; debía seguir otro camino si quería triunfar. Y recordé las palabras que pronunciara mi madre con el rostro vuelto hacia la pared, así como el tono de su voz al decir:   -Los tiempos han cambiado.”
Con estos datos se puede inferir que esta obra se enmarca en los primeros años del siglo XX, ya que el gobierno comunista prohibió el vendaje en 1911, aunque se sabe que continuó haciéndose en forma clandestina en algunas zonas del país. 

Otra de las cuestiones importantes en el libro se expone mediante el pretendido matrimonio del hermano de Kwei-lan -primogénito que debería obedecer y dar a su estirpe la ansiada descendencia requerida- con una joven norteamericana. 
Este suceso no es que sólo sacuda las más profundas creencias chinas, sino que acaba con la salud de su anciana madre, cuya única misión en la vida como esposa principal era la de garantizar la continuidad del linaje; de otra manera alguna de las odiosas y vulgares concubinas tomaría su lugar. 

La aceptación (no digamos adhesión) a la cultura occidental se muestra en esta obra como catastrófica ante la negativa de la gente para adoptar las costumbres “bárbaras” que llegaban desde fuera: el hecho de no poder escupir en el suelo, por ejemplo, era mal visto. Cuando el esposo de Kwei-lan decide evitar que fueran el piso y las apreciadas telas los receptores de dichos fluidos, la joven esposa considera este acto como insólito e inaceptable. 
“Y hete aquí que mi marido ha comprado minúsculas escupideras, distribuyéndolas por todas las habitaciones y obligándonos a usarlas según esa sucia costumbre extranjera.” 
Narrada con un estilo fluido, lineal y pintoresco, esta obra no ofrece más que un agradable cuadro de costumbres por medio de una historia interesante y bien contada, sin los melodramas poco verosímiles que encontré en El abanico de seda, de Lisa See. 
Muy recomendable para quien disfrute con relatos que aborden cuestiones cotidianas y tradicionales. 

Abades – Pierre Michon

Ed. Alfabia, 2010.
Escritor francés, 1945.

Se trata de tres relatos entrelazados y ambientados en la Vieja Galia alrededor del año 1000; abadías de benedictinos al norte de Francia cuyos pormenores son relatados mediante un lenguaje de gran belleza además de una prosa nutrida y muy poética.

En el primer relato nos situamos en el año 976, donde se habla de Guillermo Cabeza de Estopa y de su hermano Eblé, el abad de la ermita Saint-Michel-en l’Herm. Este último ha vivido para apagar el fuego de Guillermo, pero ya tiene 60 años y está cansado.
“Eblé, abad que tiene el don de apagar el fuego aunque lo escupa un dragón vikingo.”

El monasterio está construido en forma rústica, ha sido atacado y reconstruido varias veces;  la isla está situada en una ubicación compleja, entre mar, ríos, arenas y lodos que hay que domar: “algo retorcido y revuelto”

Al amparo de estas descripciones intrincadas y brevedad anecdótica, se da una reunión de monjes en la sala capitular, con laicos y clérigos del pueblo que están ahí “por el abrigo, la escudilla o el deseo de los libros”. Destaca el hermano Hugo, joven clérigo encargado de la lectura. Al día siguiente van de expedición a luchar por el agua contra los lodos; se topan con indígenas adoradores de la lluvia a los que intentan evangelizar. El trato con los monjes les beneficiaría con “tierras, ganado y salvación”. 

Una de las mujeres  indígenas es joven y bonita, Eblé arde al fin, se apasiona por ella y el erotismo se apodera del intrincado relato por el poder del lenguaje. 
Pero no solo él disfruta de los “pies de mármol levantados”, Hugo también lo hace. La mujer está casada paro complace a ambos abades. 
“Al atardecer, cuando el marido ha partido a poner las nasas, cuando sin pronunciar una sola palabra ella se descubre de los pies a la cintura, el fuego más húmedo, más ardiente: ha visto la mitra, ha visto el báculo, es la mitra y el báculo lo que ella tiene en sus ojos cerrados, entre los pies levantados. El rayo que la rompe es el miembro de un hombre, pero la gloria de un abad.”
Hugo se lo ha contado a Eblé en confesión; el abad tiene sentimientos encontrados porque ama a Hugo pero hay una rivalidad implícita entre ellos. 
“Todas las cosas son mudables y próximas a lo incierto.” 
El segundo relato se sitúa en la abadía Saint Pierre de Maillezais, donde es Pierre de Maillezais quien cuenta la historia de un monstruoso y poderoso jabalí en tiempos de Guillermo –hijo de Guillermo Cabeza de Estopa-. Dicho animal es visto como un ángel, demonio o mensajero. 

Vuelve el erotismo en las imágenes al hablar de Guillermo Fierabrás y su esposa Emma, mujer que no se intimida ante la visión del jabalí. Él decide cazarlo, quiere a la bestia pero es Gaucelin, personaje de rango muy bajo, quien captura al animal. 
“La crónica de Pierre hace entrar aquí a un personaje por el cual la providencia se ejerce: es Gaucelin, cuyo cuerpo, dice Pierre, es robusto y claro […] No ha ingresado del todo en la caballería, todavía duerme con los lacayos, ocupa el puesto menos honorable de la mesa.”
Gaucelin languidece, mira a Emma, ella quiere el cuero del jabalí y él acepta con alegría. Emma lo ama pero no quiere acceder a sus deseos, pues solo será para Guillermo. Se da una intensa descripción erótica mediante el cuero del jabalí lastimando la carne de Emma, lo que para ella es como un recuerdo de la áspera mano de su marido y, para Guillermo, excitación. Ella es el jabalí capturado que se entrega a Guillermo. “La vida es un canto”. En la figura de Gaucelin puede observarse el amor cortés del medievo.

Seguidamente aparece en escena la envidia a través de Hugo, un compañero de Gaucelin, quien inventa una relación entre el joven y Emma: 
“Hugo dice que Gaucelin no solo es bueno para llevarse las bestias que otros han levantado, que para las mujeres que otros han hecho salir de su madriguera, también es bueno. Nombra a la condesa.”
Guillermo destierra a Gaucelin y en lo sucesivo ignora a Emma (no la repudia por razones políticas). Ella vive en la esperanza, el terrible jabalí ha propiciado situaciones abismales que se van enroscando y sucediendo porque Emma no encuentra la paz: Ermengarde, vizcondesa de Thouars, yace con Guillermo y ella los oye; la dolida condesa abandonará toda magnificencia y gracia para ir en pos de la venganza... 

En el tercer relato se da otra crónica narrada bajo los auspicios de Pierre de Maillezais, por Petrus Malleacensis y las crónicas intransitivas de Ademar de Chabannes. 

Es la época de Guillermo el Grande, hijo de Guillermo Fierabrás, tiempos también de huesos, de reliquias: cabezas, brazos de santos fragmentados, el cráneo de San Juan presente en una reunión de prelados que guardan la cabeza para exhibirla en la fiesta pertinente. 
Agua, ríos desbordados por doquier. El arzobispo saca el cráneo y Théodelin le arranca un diente y lo esconde en su boca. “Théodelin se lleva en la boca la boca de la palabra de oro”
Pero no hay posibilidades de mostrar la reliquia en Cluny, habrá que esperar.  
La presencia del diente obra milagros en Hugo, porteador de la abadía y futuro abad.  Pierde el tartamudeo, se le ve rejuvenecido y hablando con fluidez; el mundo cobra un sentido que ya no hay que buscar en las nubes

El tiempo corre y Théodelin envejece mientras Hugo toma a su cargo la abadía. Ambos son llamados a la Basílica de Angély en donde el prior les dice la consabida frase que aparece en esta obra: “Todas las cosas son mudables y próximas a lo incierto”. Resulta que el difunto abad mintió en cuanto a la cabeza; se confesó falsificador…
De vuelta a la abadía, Hugo se encuentra con que ha perdido la palabra.
“Cuan mudables y próximas a lo incierto son todas las cosas.”
Gloria, concupiscencia, traición y fe conforman el eje central de esta obra escrita al más puro estilo medieval por medio del intenso manejo de un lenguaje sugerente que va describiendo, con cortas y poéticas pinceladas, ciertos  sucesos que desde tiempos inmemoriales han perturbado a los hombres. No es una lectura sencilla y supongo que en general tampoco debe serlo la prosa de este autor (es lo primero que le leo), pero sin duda merece mucho la pena.

                                                        Abadía de Cluny  
                                                      *Imagen tomada de Internet

Los Watson – Jane Austen

Nórdica Libros, 2012.
Escritora inglesa (1775-1817).

Se trata de una obra inconclusa que Jane Austen habría comenzado a escribir hacia 1803. Una pequeña delicia de novela aunque la acompañase, en mi caso, una ligera decepción al haberme perdido buena parte del contenido (cuestión sabida de antemano). Le dedicaré, pues, unas cuantas palabras. 

Emma Watson, tras gozar las mieles de la vida refinada al lado de una tía rica, se ve obligada a volver al seno familiar donde tendrá que convivir con su padre enfermo, dos hermanos y tres hermanas, los cuales son prácticamente desconocidos para ella. 

La vida promisoria que pudo haber vislumbrado hasta poco tiempo atrás, se vio eclipsada por la muerte del tío y el segundo matrimonio de la tía, con lo cual quedó desprotegida y sin dote, situación que es expuesta en forma despiadada por su hermano Robert: 
“Habrá sido un duro golpe para ti; en vez de ser la heredera de ocho mil o nueve mil libras, verte de nuevo en casa de tu familia como una carga para ellos y sin un chelín en el bolsillo.” 
A su llegada, Emma tiene la oportunidad de asistir a un baile organizado por los Edwards, donde conoce también a los aristócratas Osbourne y a Mr. Howard, clérigo del castillo Osbourne que atrae su atención desde el primer momento. 

Las páginas que más me gustaron exponen la realidad tan compleja de las jóvenes sin dote que estaban ansiosas por contraer matrimonio, abrumadas ante el triste destino que les esperaba si no lo conseguían.  Emma se encuentra de pronto en una situación terrible rodeada de “mentes inferiores”, la acechante y envidiosa actitud de una de sus hermanas, las intrigas y la competencia entre ellas además del talante hostil de su cuñada. 


Todo este suculento panorama de la vida cotidiana y reflejo de una época queda truncado de improviso, aunque contamos al final con un breve pasaje que nos narra los acontecimientos venideros de acuerdo a Cassandra, hermana de Jane Austen y a quien ésta habría confiado su proyecto argumental. 

No puedo dejar de recomendarla a todos los amantes de la obra de Jane Austen. 

Acompaña a esta edición de Nórdica una bella selección de ilustraciones de Sara Morante: delicadas siluetas, maravillosos estampados y una selección cromática que me resulta fascinante. 




Lo que sé de los hombrecillos – Juan José Millás

Seix Barral, 2010.
Escritor español, 1946.

En esta obra se hace una curiosa descripción de la psicología de un hombre reprimido. El protagonista se ha forjado un mundo seguro alrededor de sí mismo: una esposa –al menos en apariencia- asexual y una vida rutinaria con el fin de poner freno a sus deseos sometidos, a la parte bestial y primitiva que de vez en cuando pugna por romper el pretendido equilibrio vital. 

Desde muy joven el personaje  interactúa con ciertos hombrecillos, en particular con uno que resulta ser su propia encarnación y a través del cual sus más hondos deseos sexuales e incluso homicidas se abren camino. 

Este hombre se encuentra en la edad madura y al parecer es cuando requiere con más fuerza echar mano de estas –a mi modo de ver- alucinaciones para poder extraer de sus adentros anhelos largamente reprimidos. Su relación con el hombrecillo consigue incluso impulsos diferenciados; la culpa lucha contra la adrenalina que produce la aventura codiciada pero con el hombrecillo de por medio el personaje logra tomar distancia para poder cometer las más bajas acciones. 

El hombrecillo en ocasiones desaparece algunos días, sugiriendo con esto que la parte sensorial y abyecta del protagonista hubiera sido colmada; sin embargo, reaparece para exigir más y más. Los impulsos salen de control en forma creciente y acelerada.
Se alude también al “viaje al mundo animal”, al de los instintos que como ser humano prefiere reprimir, pecando, por ejemplo, bajo la forma de un insecto (o de un hombrecillo):
“Mi acción quedaría camuflada dentro de la acciones que la naturaleza produce a millones cada día en el rincón del universo.” 
Me encantó este descenso a la parte más elemental del ser humano; la dualidad y los recodos de la mente humana se manifiestan con mucha intensidad mientras que el choque entre el mundo real y el fantástico se examina hasta en sus más profundas consecuencias. 

La vida conyugal - Sergio Pitol

Anagrama, 1991.
Escritor mexicano, 1933.

En esta obra se aborda el tema del matrimonio en México a partir de los años 50 a través de una pareja típica de la época. Nicolás Lobato como proveedor y símbolo del machismo, y Jacqueline Cascorro como una mujer aparentemente sumisa pero muy dolida por las continuas infidelidades de su pareja. 

Tanto el argumento como la profundidad psicológica se centran en el personaje femenino y sus conductas obsesivas. A pesar de que en un momento dado Jacqueline comienza una vida paralela a la de su marido, el resentimiento no le permite tomar la distancia adecuada y las situaciones que se desprenden de este hecho ofrecen una buena muestra del comportamiento humano que el autor adereza con una buena dosis de humor. 

A partir de cierto evento, la mente de Jacqueline se transforma y de pronto se ve ocupada por una sola idea que la perturba profundamente: la de asesinar a su marido. 
"Todo cambió en un instante, cuando al quebrar con sus manos una pata de cangrejo y oír descorchar a sus espaldas una botella de champaña se dejó poseer por un pensamiento que la visitaría de manera intermitente, convirtiéndola, y ya para siempre, en una mujer de muy malas ideas." 
Con cada amorío, Jacqueline vuelve a la idea de asesinar al traidor. De esta forma podrá proveer de lo necesario a su propio atribulado y siempre desamparado amante en turno. Nunca se detiene a pensar en que estaba pagando al confiado esposo con la misma moneda mediante su propia infidelidad; lo cierto es que en cada intento homicida las cosas parecían ir más bien en contra de sí misma, cuestión muy significativa cuando las ataduras no se liberan en forma adecuada. 

Sergio Pitol penetra en la psicología de la mujer inocente que llega virgen al matrimonio y que se va enfrentando a situaciones que la conducen a experimentar profundas sensaciones de dolor y de ira al tener que aceptar con “normalidad” las infidelidades del esposo. El hecho de sentirse continuamente humillada y relegada a un segundo plano hace que el rencor nunca disminuya. En la novela puede leerse entre líneas el interés y el amor del marido hacia ella, aunque de una manera que pocas mujeres aceptarían sin resentimientos. 
Los lazos de diversa índole que toda pareja construye propician que no se plantee la sana disolución del vínculo matrimonial. Es más conveniente tolerar una mala situación hasta las últimas consecuencias que ser objeto de la deshonra social (y/o financiera, desde luego).  

Buen retrato social que trasciende épocas y lugares; los celos y las sensaciones más profundas del ser humano ante circunstancias como estas siempre tendrán cabida en la universalidad temática.  

No se pierdan la película de Carlos Carrera


El crucero de la chatarra rodante – Francis Scott Fitzgerald

Anagrama, 1990.
Escritor norteamericano (1896-1940).

En 1920, Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda emprenden un viaje en un maltrecho Marmon al que bautizan como la “Chatarra Rodante” (Rolling Junk).  Salen de Westport, Connecticut, con destino a Montgomery, Alabama -donde viven los padres de Zelda-, con la agradable perspectiva de comer las galletas y los melocotones añorados por ella.

A pesar de la pobre visión que les aporta la Chatarra ante semejante viaje, deciden tomar los riesgos y seguir adelante:
"Pues bien, esta Chatarra en particular dio lo mejor de sí misma antes de llegar a nuestras manos. Más concretamente, una vez que se le rompió el espinazo y la reparación no fue del todo satisfactoria, y los problemas resultantes hacían que cojeara marcadamente hacia un lado; también padece diversas dolencias estomacales de tipo crónico, así como astigmatismo de ambos faros."
 La personificación de la Chatarra e incluso de sus componentes, como los neumáticos a los que van dando nombre, constituyen una de las partes más entretenidas del relato. El humor con que se narran las peripecias del camino hace de esta pequeña novela una verdadera delicia.
Fitzgerald fija la atención en las carreteras incipientes que aún eran poseedoras de tramos anegados o difíciles de atravesar, hoteles mal atendidos y comidas peor servidas más la presencia de diversos personajes característicos: mirones y buenos samaritanos que les ayudan en forma más o menos desinteresada.
Destacan tanto la falta de dinero de la pareja como el apuro porque la Chatarra "enferma" una y otra vez mientras el ánimo se va ensombreciendo de acuerdo a la aventura o desventura en puerta.

Zelda aparece como una mujer ingeniosa que se deja llevar por el entusiasmo del mando haciendo rabietas pero manteniendo el empeño en seguir avanzando.

Aunque se trata de una narración muy sencilla y anecdótica, van surgiendo algunas cuestiones interesantes, si bien expuestas con mucha brevedad, como la escandalosa reacción en los pueblos ante los modernos pantalones de Zelda o el tema de los negros y el racismo mostrado cuando Scott ingresa en una tienda en Niggerfoot y percibe que "la atmósfera física y moral era oprimente y obscena". 
-Qué pena que haya quien permita que una chica tan guapa como usted lleve esa ropa. –Por su boca hablaban cincuenta años de provincianismo; la moral negativa de los pobres.
 Aunque me parece que no se trata de una obra muy conocida, puedo decir que es un ameno y entretenido retrato de la época y de un país en vías de modernizarse. Fitzgerald elabora una trama fluctuante entre la realidad y la ficción de donde pueden inferirse muchas características de esos años, así como de la propia pareja de recién casados: individuos de posición social elevada que no dejan de recordarnos otras novelas del mismo autor que describen la superficial y a menudo anodina vida de los ricos.

Fitzgerald recordará con cariño a la Chatarra en lo sucesivo:
"Mi afecto te acompaña, Chatarra Rodante, te acompaña a ti ya todos los cacharros que iluminaron mi juventud y se deslizaron cargados de promesas o de esperanzas por todas las carreteras que he recorrido, unas carreteras que todavía discurren, menos blancas, menos deslumbrantes, bajo las estrellas y los truenos, y el recurrente e inevitable sol."
 No es la gran obra pero me gustó mucho. 

                                                        *Imagen tomada de Internet. 

Elegía – Philip Roth


Mondadori, 2006. 
Escritor norteamericano, 1933.

Nos encontramos con una obra concebida desde la ancianidad de protagonista y que de hecho inicia con su muerte para hacer una retrospectiva que finaliza en forma circular. 

A través de la vejez conocemos profundamente al personaje que desde la soledad y el cuerpo debilitado por las enfermedades, nos lleva a un duro paseo por su vida a partir de los años infantiles en que fue hospitalizado y encaró por primera vez a la muerte encarnada en el joven compañero de la cama de al lado. 

La muerte es el hilo central que conduce al relato, aunque sin dejar de lado otros aspectos de la vida del narrador contados en forma sencilla y amena, tal como ocurre con sus matrimonios y divorcios al haberse visto siempre irremediablemente atraído hacia las carnes mórbidas de las mujeres jóvenes, sus sensaciones de envidia ante la salud de hierro de su antes amado hermano mayor o el sentimiento paternal tan amoroso destinado a su hija Nancy. 

Pero lo que cobra importancia en esta obra es la sensación de soledad en la vejez, un sentimiento atroz al no poder conquistar y enamorar a las mujeres de nuevo, al verse vencido por el paso del tiempo y sus males subsecuentes. 
“Lo peor de estar insoportablemente solo era que debías soportarlo, pues de lo contrario te hundías. Tenías que esforzarte por impedir que tu mente te saboteara con su ávida revisión del pasado pletórico.”
Este pasado se añora con dolor, si bien es cierto que en esta novela no abunda precisamente el pesimismo, sino el pensamiento y la certeza de la más cruda de las verdades que aguarda a cada ser humano:
“La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre.”
El protagonista se asume como un ser profundamente inteligente y reflexivo; no entiende cómo es que otras personas de su edad pueden consolarse a través de la alegría de los nietos e incluso cobrar nuevas esperanzas y motivos para seguir adelante a partir de una circunstancia como esa.  

Nuestro personaje se hace plenamente consciente de la soledad que le invade, lamenta la separación de su última esposa pero sin que le abandone el deseo por experimentar placeres en otros cuerpos menos desgastados.  Observa los procesos de la muerte desde distintos ángulos, contemplando el destino humano a través del “sufrimiento mortal de cada hombre y mujer a los que había conocido durante sus años de vida profesional, de la dolorosa historia de pesar, pérdida y estoicismo de cada uno, de miedo, pánico, aislamiento y terror de haber conocido cada cosa que les había sido arrebatada y que en otro tiempo había sido virtualmente suya…”

El estilo se circunscribe a los límites de la sobriedad en una historia objetiva y bien estructurada que se asimila intensamente. 


Philip Roth

Indignación – Philip Roth


Mondadori, 2009.
Escritor norteamericano, 1933. 

Indignación es una novela que retrata fielmente la anulación del ser humano, en este caso propiciada por la rigidez e hipocresía del sistema universitario estadounidense imperante en 1951. 

Está narrada en primera persona a la manera de memorias del protagonista de cara a la muerte. Se trata de una historia que empieza rememorando tiempos felices para continuar con una lucha destructiva iniciada en el presente por la repentina inquietud del padre ante la seguridad del hijo; una obsesión enfermiza que termina por alejar al joven Marcus Messner de su familia para continuar sus estudios en la universidad de Winesburg, Ohio, a 800 kilómetros del hogar. 

"Ansiaba ser un adulto, un adulto instruido, maduro, independiente, que era precisamente lo que aterraba a mi padre, quien, incluso mientras me impedía la entrada en nuestra casa para castigarme porque empezaba a probar las más nimias prerrogativas del adulto joven, no podía haber estado más orgulloso de mi entrega a los estudios y mi singular posición en la familia como estudiante universitario." 
Messner se instala en la nueva institución educativa y pronto empieza a enfrentarse a sucesos en los cuales sus convicciones tambalean; la moralidad de la época ha dejado su huella y por eso no logra encontrar una buena explicación al comportamiento liberal de la joven que le atrae, entre otras cosas.  Sus esquemas, sin embargo, empiezan a cambiar adaptándose en lo posible a las nuevas circunstancias. 

Otros sucesos más ordinarios como podría ser la solicitud de un cambio de habitación por tener un compañero ruidoso, aunados a las ideas aún inmaduras y algo extrañas de un chico que a pesar de todo conserva la lógica que el propio decano de la universidad desconoce, lo llevan a iniciar un camino peligroso que lo conducirá hacia lo que desde un principio deseaba evitar: su probable participación y encuentro con un destino adverso en la Guerra de Corea.

Quienes le rodean se manifiestan como seres ajenos a su persona y a lo largo de la trama se exponen muchas preguntas y pocas respuestas: todo se vuelve un "acabar de descubrir" para el joven Messner. 
Uno de sus compañeros intenta disuadirlo demostrándole que la otra cara de la moneda radica en "no tomar las cosas tan en serio", pero la sangre hierve con pasión en Marcus al enfrentarse a las incongruencias del sistema y de los demás. El vacío resultante lo lleva a recluirse cada vez más en sí mismo y en los reducidos espacios que elige para desenvolverse; la inexperiencia no permite que el chico decida optar por la dosis de sumisión a la que el ser humano acude por mera conveniencia en tantas ocasiones en que la búsqueda de la supervivencia se vuelve apremiante.  

Philip Roth elabora un cuadro estupendo de una estructura universitaria incoherente en la cual se necesita de mucha astucia para poder sobrevivir; la inocencia de un chico que toma la opción de defenderse de las injusticias y de hablar con la verdad va definiendo los acontecimientos en forma funesta. Marcus Messner no es más que un ser solitario que desea tranquilidad para estudiar, evitar la guerra y salir adelante. Estas premisas tan sencillas en apariencia se transforman en una cadena de acontecimientos de pesadilla en un mundo donde la comunicación verbal es deficiente; los oídos, sordos, y la frágil condición humana completamente expuesta al farisaico escrutinio ajeno. 

La perla – John Steinbeck


Escritor norteamericano (1902-1968) 

En esta pequeña novela se exploran las pasiones humanas que tienen que ver con el yugo y la codicia, con el poder que algunos obtienen en base a la explotación y el abuso de otros seres que prácticamente no tienen opciones en la vida ni la posibilidad de abrirse camino por más que luchen contra la adversidad. 

El autor nos sitúa en La Paz, Baja California Sur (México) en los años 40. En este lugar la sociedad se encuentra totalmente dividida, los ricos se distinguen por ser poseedores de una propiedad para vivir (sin importar su tamaño), mientras que los pobres viven en cabañas miserables; son indios condenados a la ingrata actividad de buscar perlas para cambiarlas por unas cuantas monedas que jamás los sacarán del infortunio. 
Un día, Kino, el protagonista, encuentra una perla grande y hermosa que sorprende al pueblo; él mismo cobra una relevancia inusual e incluso el médico que con mezquindad se había negado a atender a su pequeño hijo le hace una visita. Su propia gente se reúne en torno suyo a la manera de un personaje colectivo para presenciar y comentar cada paso.
"Es maravilloso el modo en que un pueblecito se mantiene al tanto de su propia existencia y de la de cada uno de sus miembros. Si cada hombre y cada mujer, cada niño o cada bebé actúan y se conducen según un modelo conocido y no rompen muros ni se diferencian con nadie, ni hacen experimento alguno, […] en ese caso, pueden desaparecer sin que nunca se oiga hablar de ellos.  Pero, tan pronto como un hombre se aparta de las ideas aceptadas, o de los modelos conocidos…"
Kino deberá vender la perla al mejor postor, los codiciosos "negociadores" en realidad trabajan para una misma persona y se han puesto de acuerdo para hacerle creer que la perla vale poco, pero este desafía la estructura social y decide probar suerte en otra parte. Juana, su esposa, teme al oscuro e intranquilo porvenir e intenta deshacerse de la perla sin conseguirlo, por lo que la posibilidad del rescate de la antigua paz familiar desaparece. 

Kino, Juana y “Coyotito”, el bebé, emprenden el camino hacia la capital, pero la persecución y el acoso no se hacen esperar. Estos individuos no tienen derecho a rebelarse ni aspirar a algo mejor como podría ser el sueño de la educación de su hijo; los anhelos estarán siempre encaminados al mundo de las pesadillas. 
La tragedia que se avecina confirma la idea de que muchos seres marginados jamás encontraran una puerta al porvenir porque el propio sistema social se los impide. 

John Steinbeck escribe esta obra con trazos ágiles y precisos mediante un lenguaje cuya sencillez conduce al lector a una experiencia directa y sobrecogedora. También nos muestra  esa característica tan suya de involucrarnos en la profunda humanidad de ciertos personajes, ocasionando un impacto inmenso al observar que estos -con los que tanto nos hemos identificado a lo largo de la trama- están condenados al fatalismo o al fracaso. 



La película se rodó en 1945 bajo la dirección de Emilio "Indio" Fernández