Cartas de amor a Nora Barnacle - James Joyce


 Escritor irlandés, 1882-1941.

Lo leí de un tirón, literalmente no pude soltarlo. Con una segunda lectura, separada por varios años, descubro a un Joyce con una personalidad compleja; a un hombre que logra amar a una mujer ignorante y que fundamenta su sentimiento en la extraña mezcla de juventud y condición agreste, por decirlo de alguna manera, que define a Nora.
En un principio:
"El amor más tierno, adorable..."
Más adelante y sin abandonar esta primera sensación:
"...el salvaje y casi bestial deseo."
En las primeras páginas asoma un amor más transparente (aunque en realidad nunca dejó de serlo). La personalidad a veces indiferente de la muchacha alentaba cada vez más la atracción que sentía Jim por ella. Por otra parte, la dolorosa infidelidad permaneció siempre presente en él, como una sombra:
"Anoche supe que el único ser en quien creía no me era fiel."
"No hay ni una partícula de mi amor que no te pertenezca. Aparte de esas cosas que enturbian mi mente contra ti, pienso siempre en ti del mejor modo."

Aunque quizá eso mismo ayudo a estrechar sus lazos: el temor a perderla, la inseguridad que tantas veces genera ese tipo de situaciones. La personalidad de Nora también queda reflejada de alguna manera en las cartas (dicho sea de paso, cómo quisiera que las de ella hubiesen sobrevivido), como una mujer que aprendió a manejar a su hombre, a cuidarlo como una madre, a ser su refugio en todos los sentidos:
"Se ha desvanecido todo velo de vergüenza o desconfianza entre nosotros."
Y la propia forma de ser del gran escritor, que sólo podía encontrar la comprensión en esa única mujer: "¡No, querida, soy demasiado celoso, demasiado orgulloso, demasiado triste, demasiado solitario!"

Al ir leyendo me preguntaba si Joyce no echaba en falta una poca de afición literaria o cultural por parte de su esposa; cómo es que podía convivir con una persona sin educación (como ella misma se define a través de las palabras del autor). Me topé con la respuesta de Jim y eso me hizo pensar en ese faltante que seguramente hubiese sido enriquecedor en extremo: "Cuando regresemos a Trieste, ¿leerás si te doy libros? Luego podríamos comentarlos."

Queda la parte erótica que ciertamente puebla las cartas. En esta ocasión lo asimilé como una pareja más; a saber los gustos de cada quien... Si ellos eran felices así pues, ¡enhorabuena!

2 comments:

  1. Yo leí algunas de sus cartas más picantes en la que la nombra de dulce pajarita cogedora y después se pone escatológico, muy escatológico. para divertirse un rato.

    pasé, leí y saludos

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  2. ¡Je! Cierto Mariano, qué buena manera de precisar el asunto. Sí que son picantes eh, como para añadir un fragmento (con la consabida advertencia). :)

    Gracias, un saludo.

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