El elogio de la sombra - Junichiro Tanizaki

Junichiro Tanizaki (1896-1965), es uno de los grandes representantes de la narrativa japonesa contemporánea, que ha destacado al lado de figuras como Yasunari Kawabata, Natsume Sōseki, Yukio Mishima y Kōbō Abe, entre otros.

Lo primero que salta a la vista en esta obra es el hecho de que el intento por modernizar la arquitectura japonesa sin perder el sabor tradicional, resulta un tanto complicado a aquellos que de ninguna manera quisieran perder las costumbres ancestrales.

Los interiores y exteriores concebidos para la “paz del espíritu”, se encuentran ahora en peligro gracias a las ideas de renovación y al sentido práctico que inevitablemente se van instalando en la mente nipona. Y es que, ¿cómo sustituir las planchas de madera con su elegante pátina por simples baldosas?, ¿cómo colocar en el hogar una espantosa estufa de gas sin que el delicado equilibrio se rompa?

La elegancia en la sencillez y la infinita complacencia al mirar espacios armoniosos permite la tranquilidad espiritual, y esta idea se hace patente, entre otras cosas, al hablar del retrete: el sitio en que más se han esforzado, en el que la concepción oriental ha creado un entorno refinado, de buen gusto; un lugar cuyo significado primario se difumina ante su belleza.

La comparación con el extranjero resulta algo feroz, ya que se le toma como invasor: los occidentales tan artificiales y sin el “sentido de la naturaleza”; tan "iluminados", ignoran esa “difusa penumbra” que desvía la atención del asunto fisiológico real.

El japonés enfrentado a la disyuntiva entre la antiestética comodidad occidental y la armoniosa pero rígida vida que se vería obligado a llevar si no la adoptase, lleva al autor a lamentarse una y otra vez, planteando cuestiones interesantes y algo fantasiosas: piensa que sin la influencia extranjera, ellos mismos hubieran encontrado sus propias soluciones, completamente distintas a las ahora de alguna manera impuestas y, por supuesto, acordes con sus propias necesidades.

Volviendo a las sombras, es esa penumbra aportada por los viejos candelabros, por ejemplo, la que realza la belleza de las lacas, de las cuales hasta las más llamativas cobran “profundidad, sobriedad y densidad”. No puedo dejar de mencionar también -de entre tantos aspectos- la concepción de los espectros nipones, envueltos en las tinieblas, mientras que los occidentales son translúcidos y cristalinos.

Finalmente, tras lo que ya no sé si llamar feroz crítica al invasor o profunda defensa de las tradiciones japonesas, el autor se resigna ante lo inevitable, con la esperanza de resucitar a las sombras al menos en el ámbito de la literatura.

"Me gustaría ampliar el alero de ese edificio llamado “literatura”, oscurecer sus paredes, hundir en la sombra lo que resulta demasiado visible y despojar su interior de cualquier adorno superfluo”.

2 comments:

  1. Hace casi dos años estoy detrás de "La llave" de Tanizaki, no leí nada de este autor pero me sugirieron ese libro una vez, no lo compré en aquél momento porque preferí irme con Cheever y después no lo volví a ver. ¿Lo leíste?
    Saludos.

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  2. No, Bárbara, no conozco ese libro. Leí "Hay quien prefiere las ortigas", una historia agridulce muy introspectiva.
    Ahora tengo curiosidad por "La llave", a ver si lo encuentro.
    Gracias, un abrazo. :)

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