La mano de la buena fortuna - Goran Petrović


 El autor nació en Serbia (1961) y no es de extrañar que con esta obra haya ganado el premio NIN, tan reconocido en su país.

La novela nos llevará desde un principio por los mágicos senderos de una creatividad insospechada y pronto surgirá la idea de lectura simultánea que seducirá al lector irremediablemente:
"..., cuando un libro llega a apasionarte particularmente, ¿tienes la sensación de no estar solo, de que además de ti hay otros semejantes, entusiastas, que por casualidad, por la ley de probabilidad, lo inician al mismo tiempo, en otra parte de la ciudad, en otra ciudad, tal vez en otra parte del mundo?"                                                               
Las vivencias que proporciona una obra de cualquier tipo se transforman en una realidad en esta novela; la idea de presencia-ausencia, de abandonar el aquí y el ahora al internarse en el libro, se expresa en cuestionamientos como este:
“Señora Natalia, cuando nos vamos allí, es decir, allá, ¿existimos aquí?”

 Y es que se trata de una manera simbólica de acercarse a la experiencia literaria que quizá muchos tenemos: el salir de la realidad para ingresar plenamente en la de la obra. En La mano de la buena fortuna, los personajes se conocen dentro de las páginas que están leyendo, se enamoran, gozan, sufren y se reencuentran también en otros libros mientras que su existencia en el mundo real queda -al parecer- suspendida, en aras del goce de un tiempo placentero, delirante y tan distinto del real.
"El tiempo de la lectura es un tiempo condensado, una hora de aquí no es como una hora de allá, a veces es diez veces más larga, a veces más corta que el instante entre dos parpadeos".                                               
La historia continúa perfilándose a través de esa atmósfera sobrenatural, los personajes que se introducen en un libro pueden decidir qué rumbo tomar (aunque no esté escrito, porque la trama en sí no es la de la obra visitada, sino la que van construyendo los visitantes). Por otra parte, la profunda e intensa historia de amor que se vive en el libro dentro del libro es maravillosa.
Esta manera metafórica de vivir una obra y de cambiar la realidad tangible por la no menos vivencial de la palabra escrita es indiscutiblemente seductora.

Por otra parte la influencia del Realismo Mágico es muy clara en esta novela, me parece que Petrović la ha asimilado estupendamente ya que entremezcla magia y realidad de una manera encantadora y yo diría que además innovadora. La intertextualidad con Aura se percibe fácilmente ya que tanto los ojos verdes de Natalia, como esa simultaneidad (no lectora, ciertamente), de alguna manera se encuentran completamente plasmados en el relato que, dicho sea de paso, me deja embelesada cada vez que lo leo.

Finalmente tengo que reconocer que, a pesar de tantas virtudes, los últimos capítulos me parecieron un tanto repetitivos, sobrados quizá. Creo que el autor no supo decidir en qué momento terminar la novela. Sin embargo, sólo por el resto merece la pena ser considerada.

En resumen: el placer de la lectura será experimentado a la máxima potencia por quien se interne en los innumerables laberintos que se describen, sugieren e imaginan en estas maravillosas páginas tan sentimentales, coloreadas y fragantes.

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