Manual de pintura y caligrafía - José Saramago

 Quizá no se le pueda llamar novela, ya que el mismo autor en un momento dado aclara que no es precisamente eso.

Como en otras obras del Nobel portugués, la trama en sí misma puede reducirse a unas cuantas páginas, pero las reflexiones y largos párrafos magníficamente construidos aportan un gran porcentaje de la obra.
Escrita en forma autobiográfica, el protagonista se acepta a sí mismo como un pintor de segunda que sólo logra crear retratos retocados al gusto de los demás, hasta el punto en que su propia naturaleza lo obliga a no seguir con tal rigor, lo que trae consigo el alto costo económico de ya no ser requerido en el oficio. Nos habla también de una relación pasajera y netamente carnal, de la que sale airoso propiciando el rompimiento, y de algunas amistades superficiales con las que convive de vez en cuando.

Todo el libro está salpicado de arte principalmente italiano, de sus experiencias en Florencia y otros lugares, de su admiración diversos artistas y del ejercicio simultáneo de su incipiente trabajo literario: el impulso creador de la palabra escrita que lo lleva a desbordarse, a cambiar el camino de sus ideas una y otra vez.
Al final e inesperadamente, su vida da el giro ni siquiera vislumbrado al encontrar, prácticamente en las últimas páginas, al amor; ese amor que sólo se conoce a través de la comunicación y de la compatibilidad espiritual.

Me gustó la manera en que el personaje logra en una etapa de su vida lo que quizá nunca había encontrado: ejercitar la escritura exitosamente y sin más propósitos que los individuales al poder plasmar todos y cada uno de sus pensamientos; descubrir casualmente a su otra mitad y, felizmente, lograr la transformación artística al iniciarse en una pintura -si no grandiosa-, sí de acuerdo a su realidad, a su verdad interna y no a la vana hipocresía que venía siguiendo en detrimento de sí mismo.

Me fascina la narrativa de Saramago. 

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