París era una fiesta – Ernest Hemingway

Escritor norteamericano (1899 - 1961).
Editorial Seix Barral, 2005.

A través del tiempo he leído sobre la Generación Perdida y el surgimiento de una literatura renovadora, muy nacional, fuera de la patria: una literatura norteamericana que nace en el París de los años veinte, amenizada por la vida bohemia de sus creadores, por el desencanto de la guerra y por la búsqueda de nuevos horizontes en el mundo europeo. En esta obra, publicada póstumamente, Hemingway describe su vida en la gran ciudad, aclarando en el prefacio que podría considerarse como ficción, aunque "siempre cabe la posibilidad de que un libro de ficción arroje alguna luz sobre las cosas que antes fueron contadas como hechos".

En el prólogo, Manuel Leguineche desmiente la pobreza de Hemingway en esta época, diciendo que la refleja sólo para “aprovechar literariamente el narcisismo de la miseria”. Pero ese narcisismo del que habla no me parece tan reflejado en la obra, en la cual se ve a un Hemingway que vive de acuerdo a los recursos que el propio prologuista menciona, y que hace alusión a la estrechez sólo en ciertos momentos específicos (como cuando no le había llegado el pago por algún escrito, por ejemplo), pero que en general lo pasaba con cierta comodidad -sin excesos-, al lado de Hadley, su querida mujer.

En relación a esto debo mencionar cierto capítulo en el que una -supuesta o real- sensación de hambre es estupendamente aprovechada literariamente para describir varias calles parisinas -en su propósito por evitar aromas inquietantes-, un cálido encuentro con la librera Sylvia Beach, y una agradable culminación en el Brasserie Lipp, con cerveza muy fría, ensalada de patatas y salchicha.

Por otra parte, me llaman la atención las anécdotas que se detienen a reflexionar en la labor del escritor, que en este caso se reflejan a través de la tenacidad con que Hemingway se aplica a una actividad que a veces fluye -"El cuento se estaba escribiendo solo y trabajo me daba seguirle el paso"- y que, en otras ocasiones, tiene que propiciarse de manera distinta: "De pie, miraba los tejados y pensaba: No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica.
Por entonces ya me había adiestrado a no secar nunca el pozo de lo que escribo, y a pararme siempre cuando todavía queda algo en lo hondo del pozo, y a dejar que por la noche lo volvieran a llenar las fuentes de que se nutre”.

Pronto se manifiesta la figura de Gertrude Stein, una mujer interesante, con las características peculiares de quien se sabe importante en el mundo artístico, vinculada además al surgimiento de la frase Generación perdida, que en un primer momento se revela en un sentido no muy halagador, pero que termina identificando una gran generación de escritores.

El autor va entremezclando sus encuentros con otras anécdotas personales y razonamientos sobre diversas cuestiones, enmarcados en pintorescas descripciones de la ciudad, de los cafés frecuentados, de su afición por las carreras de caballos –y, más tarde, de bicicletas-, del vino y las comidas cotidianas.

Hemingway nos habla de sus relaciones con otras grandes personalidades de la época; tal es el caso de alguna reunión con Joyce, de su amistad con Ezra Pound, a quien pinta maravillosamente, mientras que desprecia -sin profundizar mucho en las causas pero cuyo encuentro, narrado en la obra, es muy significativo-, a Ford Madox Ford. La figura de F. Scott Fitzgerald aparece envuelta en una curiosa hipocondría; el autor nos cuenta algunos detalles de su destructiva relación con Zelda, quien eventualmente termina en un manicomio. Fitzgerald, quien también tenía una familia por sacar adelante, confiesa en cierto momento que, tras escribir un cuento que le parecía bueno, lo modificaba antes de enviarlo a la revista que lo editaría porque conocía bien los entresijos del éxito en este tipo de publicaciones. Ante esto, destaca la reacción de Hemingway, indignado:
"Me sobresalté, y le dije que aquello era putear. Reconoció que era putear, pero dijo que tenía que hacerlo porque las revistas le daban el dinero necesario para escribir libros decentes."
Es sabido que en esta época escritores y pintores pasaban por grandes dificultades económicas.

No puede faltar la mención de Shakespeare & Company, la librería de Sylvia Beach, punto de encuentro importante para la élite intelectual del momento.

Me encantó este libro, quedé fascinada con esas charlas de café entre -y sobre- personajes tan relevantes y admirados, enmarcadas en una ciudad tan propicia e inspiradora para ellos. La capacidad de descripción del autor y su mirada incisiva son espectaculares. Ficción o realidad, pinta al Hemingway que fue -o que quiso ser- en esos años, y de eso nos deja testimonio.

 
Más sobre Hemingway y Fitzgerald.

20 comments:

  1. Hemingway es para mi EL viejo y el mar y después Del otro lado del río y su amor por Italia, también Hermanos en armas pero me falta esa pieza, París era una fiesta que tan bien reseñas. Lei Trópico de Capricornio de Miller y más o menos cuenta algo del Paris pero no sé si contemporáneo a la época de Hemingway.

    saludos

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  2. Justamente estoy leyendo Trópico de Cancer, Mariano, también del periodo entreguerras.
    El viejo y el mar es una obra preciosa que he leído más de una vez (estoy por leerla nuevamente).

    ¡Un saludo!

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  3. Coincidimos con "El viejo y el mar" que preciosa novela y que preciosa historia, es para leerla más de una vez.
    Ahora me tendría que poner a leer estas que aconsejáis.
    Saludos
    Teresa

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  4. Sin duda uno de mis libros favoritos de Hemingway. Una de mis parte favoritas es la que sigue:

    Una chica entró en el café y se sentó sola a una mesa junto a la ventana. Era muy linda, de cara fresca como una moneda recién acuñada si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave de cutis fresco de lluvia, y el pelo era negro como ala de cuervo y le daba en la mejilla un limpio corte en diagonal.Libro inspirador para el narrador-personaje de París no se acaba nunca de Enrique Vila-Matas y para el protagonista de La vida exagerada de Martín Romaña de Bryce Echenique. Un pasaje de este último:

    Claro, el pelotudo de Hemingway se lo trae a uno de las narices a París con frasecitas tipo éramos tan pobres y tan felices, gringo cojudo, cómo no se te ocurre poner una nota a pie de página destinada a los latinoamericanos, a los peruanos en todo caso, una cosa es ser pobre en París con dólares y otra cosa es serlo con soles peruanos, es casi como la diferencia esa que dicen que hay entre un desnudo griego y un peruano calato, qué pobres ni qué felices ni que ocho cuartos, mira a esa muchacha que avanza ahí hacia un café cualquiera, ella está feliz, sí, eso es cierto, pero yo sólo estoy pobre. Ya se me estaban viniendo las lágrimas a los ojos y todo eso, pero no podía evitarlo, seguía pensando en Hemingway y en su París era una fiesta.Saludos,
    R.

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  5. Yo ya la estoy releyendo, Teresa. Gracias por la visita.

    Buena comparación, R., hay de pobrezas a pobrezas. Sin duda la de Hemingway no era para tanto...

    ¡Un saludo!

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  6. Hola, Andromeda, te cuento que desde que leí tu reseña sobre "Los inquilinos de Moonbloom" de Edward Lewis Wallant me entraron unas ganas de leer ese libro. Ahora aproveché que una amiga anda por Madrid y lo encargué.
    Luego de mi lectura hablamos de estos inquilinos.
    Saludos.

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  7. Ayyyyyy, Carolina, espero que te guste... :)

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  8. Andromeda:
    Tan lindo el gato negro que adoptaste ;)

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  9. Gracias, Carolina, lo tomé prestado del blog de R. (Fenixcidio).
    Estoy considerando una segunda adopción... ='.'= XD

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  10. Lo admito, no soy muy de seguir a Hemingway. Debo retomar sus cuentos. En fin, léete París no se acaba nunca de Vila-Matas donde hay buenas anecdotas sobre Hemingway.

    Beso

    Y mil puntos para Trópico de Cancer y Miller.

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  11. Leí hace bastante tiempo el libro y me gustó bastante. Creo que lo escribió ya al final de su carrera y, cuentan, con la intención de evocar aquel tiempo en que la escritura solía fluir de manera natural.

    Un placer evocarlo de tu mano.

    Saludos.

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  12. Me encanta como escribes, Andrómeda!! Desde luego el libro no tiene mala pinta. Así que me lo anoto para comprarlo más adelante...o sacarlo de la biblioteca...¡¡hay tantos libros que me gustan!!
    De esos encuentros con Sylvia Beach, los he leído en "Shakespeare & Company". Gracias por esta reseña.
    Abrazos!!

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  13. Gracias, Cristian, queda anotado el de Vila-Matas. Abrazos.

    Así es Gww, lo escribió en una época tardía y creo que se evoca bastante bien esa idea que mencionas. Gracias por la visita, un saludo. :)

    Tengo listo ese libro para leerlo en breve, María. :)
    Me parece que el de Hemingway te podría gustar.
    ¡Besos!

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  14. Hola, Andrómeda! ¡Cuánto tiempo! ( No puedo estirarlo y no me da para todo lo qu equiero...) Fijate que al leer tu entrada he recordado que leí hace siglos ese libro y tengo un recuerdo turbio de él. Así como "El viejo y el mar" la he leido varias veces y es una maravilla (como la peli, protagonizada por un inmenso Spencer Tracy), esta que nos uentas no la recordaba tan bien, y me has dado la idea de releerla. Esa es una época en la que me hubiera gustado vivir en París..En fin, un abrazo, querida!

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  15. ¡Hola, Ariodante! Entiendo lo del tiempo, me pasa lo mismo con tantas cosas por hacer.
    Me imagino que una relectura te va a gustar, ¡toda una época de arte y artistas! Yo estoy ahora viviendo un París más crudo a través de Henry Miller.
    Gracias por la visita, beso.

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  16. Gracias por el comentario. Vivo un período de escacez, me abandonaron mis lectores...je

    Beso

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  17. A mi el viejo Ernest , me deja un poco frio , bastante la verdad

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  18. De nada, Cristian, es un placer. :)

    Ni hablar, Leox, para todo hay gustos. A mí me falta mucho por leerle para formarme una idea más completa de su obra, aunque hasta ahora me ha gustado mucho.

    Abrazos, chicos.

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  19. Pues tiene buena pinta, además ya sabes que el tema me gusta y tengo ganas de leer ya algo de Hemingway, al que nunca he leído.
    Lo tendré en cuenta. Gracias, Andrómeda.

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  20. A ti, Madoguna, me encantaría comentarlo contigo. :)

    ¡Beso!

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