La muerta enamorada (Clarimonda) - Théophile Gautier

Escritor francés (1811-1872).

En esta original historia, el narrador nos conduce a través de un cúmulo de situaciones y sensaciones a partir de un suceso ocurrido años atrás: Romualdo, un joven inocente y muy religioso, se encuentra en la ceremonia que lo llevará a la ordenación sacerdotal que espera con emoción. Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando conoce a una bella mujer, envuelta en un halo divino, que lo fascina de tal modo que se ve arrastrado en un torbellino de pensamientos a través de los cuales comienza a cuestionarse la veracidad de su vocación, por lo que la convicción anterior se encuentra de pronto tan vacilante como incierta:

“Mientras la miraba sentía abrirse en mí puertas hasta ahora cerradas; tragaluces antes obstruidos dejaban entrever perspectivas desconocidas; la vida me parecía diferente, acababa de nacer a un nuevo orden de ideas.”

“¡Ah, qué hermosa era! [...] ¡Qué ojos! Con un destello decidían el destino de un hombre; tenían una vida, una transparencia, un ardor, una humedad brillante que jamás había visto en ojos humanos; lanzaban rayos como flechas dirigidas a mi corazón. No sé si la llama que los iluminaba venía del cielo o del infierno, pero ciertamente venía de uno o de otro. Esta mujer era un ángel o un demonio, quizá las dos cosas, no había nacido del costado de Eva, la madre común.”

A pesar de la tenaz presión de la hermosa, llamada Clarimonda, cuya mirada se traduce en palabras que él asimila claramente, se encuentra incapacitado para detener el ritual, que sigue su curso sin más dificultades que las internas -desesperadas pero invisibles a la mayoría- que lo torturan sin piedad.
Clarimonda no escatima esfuerzos para atraerlo hacia ella, y poco después, estando el joven al frente de una parroquia, encuentra la oportunidad de lograrlo: creyendo que va a llevar la extremaunción a una gran dama, Romualdo acude a su castillo, donde la descubre muerta pero en todo el esplendor de su belleza. Al acercarse en un impulso por besarla, ella despierta anunciándole su unión mediante una promesa de amor.
El carácter ilusorio del encuentro queda anulado en las propias palabras del joven, quien afirma: “Pensé que había sido el juego de una mágica ilusión; pero hechos reales y palpables tiraban por tierra esta suposición.”

En breve inician los sueños que trastocan por completo su existencia. En el primero de ellos, Clarimonda le anuncia que vivirá para él, y a partir de esta ocasión los periodos de vigilia y de sueño se alteran por completo para acceder a dos mundos, a dos vidas distintas en las que Romualdo es totalmente consciente de su doble papel como sacerdote y amante de “la más bella de las mujeres”.

Dentro de la vida religiosa, Romualdo se encuentra continuamente cuestionado por su compañero y amigo, el padre Serapión, quien hace el papel de la voz de la conciencia que el joven nunca llega a perder. Este personaje le advierte la naturaleza diabólica del ser a quien se encuentra tan unido, tratando de conducirlo nuevamente por el camino de la fe.

“Me he hecho esperar, querido Romualdo, y sin duda habrás pensado que te había olvidado. Pero vengo de muy lejos, de un lugar del que nadie ha vuelto aún; no hay ni luna ni sol en el país de donde procedo; sólo hay espacio y sombra, no hay camino, ni senderos; no hay tierra para caminar, ni aire para volar y, sin embargo, heme aquí, pues el amor es más fuerte que la muerte y acabará por vencerla.”

Por otra parte, Clarimonda cobra una dimensión distinta a la que podría esperarse dentro de la condición que la determina, ya que la fuerza de su amor se presenta de tal modo que diluye los obstáculos que pudieran surgir. Ella se alimenta de la sangre de Romualdo con tal cuidado y consideración, que sus sentimientos quedan expuestos de forma indeleble. La idea del vampiro se perfila de una manera peculiar en un ser que ama, que muere, que incluso desfallece por su decisión de no tocar la sangre “repugnante” de otro hombre, y que vive para volcarse en el preciado objetivo.
Romualdo se debate entre su doble vida sin poder precisar los linderos de la realidad y la ilusión, insistiendo en que la locura jamás se manifiesta en esta extraordinaria experiencia, por lo se entrega con toda la lucidez que la situación permite a sus plegarias y mortificaciones, a la vez que a la voluptuosidad de su convivencia con Clarimonda, entre los oscuros y prodigiosos velos de dos existencias bien delimitadas, cuya transmutación a cierta hora del día modifica por completo su espíritu.

El desenlace se precipita a instancias del abad Serapión y por la propia condición sacerdotal que atormenta a Romualdo. Sólo una de las dimensiones podrá prevalecer en este deslumbrante relato.

Se puede leer en Ciudad Seva.

12 comments:

  1. Desconocía al autor, como vos, anoto todo. La historia parece buena, la tentación, la mujer, el hábito, los vampiros. Una novela gótica?
    Tomo nota. Saludos Andrómeda

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  2. Nunca he leído nada de este autor (como de tantos otros) pero este libro me ha recordado algo a La Regenta y los problemas de conciencia que describe (aunque me temo que los respectviso protagonistas los afrontan con diferente perspectiva).

    Buen comentario, como siempre.

    Un saludo.

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  3. Así es, Mariano, es un relato gótico excelente, de lo mejor que he leído (no me canso de recomendarlo). Otro de mis favoritos es Carmilla, de Le Fanu.

    ¡Un saludo!

    La Regenta siempre ha estado entre mis pendientes, Gww, pero son tantos los huecos que hay que llenar que no le ha tocado el turno... (gracias por recordármela).:)
    A Gautier sólo le he leído esta obra, aunque tengo otra por aquí: La novela de la momia.

    ¡Saludos!

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  4. Hola, Andromeda.
    Es muy hermoso este libro. Escribí una vez una reseña, pero no tan genial, aquí, por si interesa: http://barcoborracho1871.blogspot.com/search/label/Th%C3%A9ophile%20Gautier.

    un gusto leerte

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  5. Me dejas siempre con la boca abierta, Andrómeda...es una maravilla leerte y también sentir la fuerza del libro. Parece que hay una conversación entre el libro y tú.

    Coincido en que parece un libro gótico. En cuanto a cuentos góticos he leído por encima algunos de Elizabeth Gaskell. Pero este lo desconocía.

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  6. Hola Andrómeda:

    He leído muy poco de Gautier a pesar de tener una colección de sus cuentos recién comprada. Sin obstante, me gustó el relato bajo consideración y regresaré a los otros cuentos más tarde. Por supuesto, tu reseña es muy bien hecha también y por eso tengo una pregunta para ti. ¿Has visto la película Vampyr del danés Carl Theodor Dreyer? Es una cinta que está parcialmente basada en el cuento de Le Fanu que mencionas arriba ("Carmilla"), y yo diría que vale la pena de verla si no te aburres facilmente con el cine de los años 30. Muy surrealista en cuanto a su narración y todo eso. ¡Saludos!

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  7. Excelente reseña, Andrómeda.

    Théophile Gautier es uno de los escritores que Pamuk menciona en su libro Estambul, así que aprovecharé que La muerte enamorada está disponible en internet para darme un tiempo y leerla.

    Gracias por enlace!
    Saludos,
    R.

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  8. e.r., me encantó tu reseña, gracias por dejar el enlace.
    Saludos.

    María, qué lindas palabras, tal vez converso con esta obra porque la conozco desde hace muchos años.
    Abrazos!

    Richard, por supuesto que me daré a la tarea de buscar esa película, mil gracias.
    Un saludo.

    R., yo recuerdo haber leído Aurelia, de Nerval, gracias a ese libro de Pamuk. Espero que te guste este relato. :)
    Saludos.

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  9. Hace tiempo que tenía ganas de leer esta historia y ayer por fin me puse. Me gustó. Luego, buscando alguna reseña sobre ella llegué hasta aquí. Encantada de leerte, que además me llevo otros títulos, gracias.

    Un saludo, Andrómeda.

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  10. Me alegra que te haya gustado, Wara, es una obra excepcional (de mis favoritas del género).
    Ahora mismo estoy leyendo Drácula. ^v^
    Gracias por la visita, un saludo.

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  11. Es un magnífico relato, me recordó a Clara Mílich de Turgueniev. No pierde el ritmo durante las páginas y consigue mantenerte.

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  12. Tomo nota de ese relato, Néstor, gracias.
    Un saludo.

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