El lector - Bernhard Schlink

Anagrama (col. Compactos), 2009.
Escritor alemán, 1944.

Empecé a leer este libro con cierta reticencia, a pesar de que el tema del Holocausto y sus múltiples matices me llaman poderosamente la atención, pero debo decir que no me decepcionó.

Todo inicia cuando Michael Berg, un joven de quince años que acaba de recuperarse de una hepatitis y que experimenta cierto malestar en el camino de la escuela a casa, es ayudado por Hanna Schmitz, una mujer varios años mayor que él. Tiempo después, a instancias de su madre, la visita llevándole flores en agradecimiento a su atención, suceso que propicia una relación singular entre ellos, basada en encuentros sexuales.

Con el paso del tiempo se va estableciendo cierta rutina, donde las duchas tomadas por ambos y la lectura de diversos libros que el muchacho hace en voz alta, se vuelven indispensables. Hanna no está dispuesta a hablar de su pasado, pero se muestra muy interesada en no distraer a Michael de sus estudios, por lo que él se esfuerza en ello y al mismo tiempo va adquiriendo seguridad en sí mismo, situación que se refleja en sus notas y en la relación que establece con los demás. La influencia de Hanna, en cierta forma, llega a ser muy beneficiosa para él aunque, por otra parte, también se establecen circunstancias que no lo favorecen tanto, como el juego de poderes en función de las edades que surge entre ellos.
Más adelante, el amor que el chico llega a sentir por ella va disminuyendo de forma casi imperceptible -pero paulatina-, mientras se va adaptando al entorno que le corresponde.
"El verano fue el vuelo sin motor de nuestro amor. O, mejor dicho, de mi amor por Hanna; de su amor por mí no sé nada."
Distintas imágenes de Hanna se van acumulando en su memoria, hasta que un día ella abandona la ciudad sin previo aviso, y él, pese a la aparente decadencia del amor, cae enfermo.

En la segunda parte, Michael cuenta una estancia feliz en la universidad; ha logrado olvidar en buena medida a Hanna, y pese a cualquier reflexión anterior acerca del afecto que los unía, aclara que "nunca más amaría tanto a una persona como para que me hiciera daño perderla".
Hasta este punto la novela no me resultó tan convincente ya que, de acuerdo a lo que percibí, hacia el final de la relación ya no estaban tan vinculados; él mismo se estaba desentendiendo del asunto y además había acumulado cierto rencor debido al trato tan superficial recibido (ella le permitió involucrarse en su vida sólo en un grado mínimo). Además, desde su postura como adulto, menciona que "todas esas cosas no las pensaba claramente por entonces, pero las sentía con toda certeza". Me parece que la actividad interpretativa del protagonista en cuanto a su adolescencia se excede un poco, aunque cierto es que a esa edad las emociones se viven con mucha intensidad, y son determinantes en el desarrollo futuro.

Como estudiante de Derecho, Michael tiene la oportunidad de asistir a un juicio en contra de cinco mujeres –entre ellas Hanna- que habían sido guardianas en un campo de concentración nazi, el cual sigue atentamente hasta el final. Declara no haber "sentido nada" al haberla visto, pero después dice que tenía los "sentimientos embotados". En esta parte se maneja cierta complejidad psicológica, ya que en un primer momento la intención –inexplicable- del protagonista, se reduce a querer ver a Hanna en prisión, no por sus delitos, sino para librarse de ella, cuando todo apunta a que debió haberse desvinculado de ella tiempo atrás (así lo sugiere el texto).
A las guardianas se les acusa, principalmente, de haber dejado morir incendiadas dentro de una iglesia a varias mujeres judías que encerraron para refugiarlas de un bombardeo mientras las trasladaban hacia el oeste.
Hanna se conduce con torpeza en su proceso, y Michael pronto deduce su analfabetismo, remitiéndose a la lectura en voz alta que ella siempre propiciaba cuando estaban juntos.
Ella se cuestiona hasta ese momento su trabajo en el campo de concentración, como si hasta entonces hubiese tomado plena conciencia de lo que hacía y de su participación en los terribles sucesos en la iglesia. Además responde con sencillez: las guardianas estaban ahí para vigilar a las prisioneras, e incluso la audiencia percibe el "desconcierto y la impotencia" que debieron haber sufrido en esas circunstancias.

Veo aquí un punto de vista que no he leído con frecuencia: el de quienes tuvieron que hacer ciertas cosas porque así se las habían ordenado y nada más, cuya culpabilidad es probablemente difícil de establecer pero que, en este caso, el autor hace tambalear hasta sus cimientos.

Michael realiza sus propias indagaciones para poder comprender todo esto, y su charla con uno de los conductores que lo llevan hacia uno de los campos de concentración, refuerza la idea de que el ser humano puede alcanzar una indiferencia extrema: este hombre era uno de los oficiales que presenciaban la ejecución masiva de judíos, y llegó a hacerlo con aburrimiento, asumiéndolo como un trabajo más.

En algún momento, todos empiezan a ver el tema del juicio con "aturdimiento": juez, fiscal, abogados; los presuntos criminales, el propio Michael... Y esta intensa confusión se funde con la difícil interpretación de un pasado que horroriza las mentes, dejándolas incapacitadas para penetrar del todo en los sucesos, situación que se sustenta con testimonios reales:
"Todos los supervivientes que han narrado por escrito sus experiencias hablan de ese embrutecimiento, en el que las funciones de la vida quedan reducidas a su mínima expresión, el comportamiento se vuelve indiferente y desaparecen los escrúpulos, y el gaseo y la cremación se convierten en hechos cotidianos."

En su intento por entender a Hanna, Michael no logra visualizar el pasado en el campo de concentración que visita y, sin embargo, quienes estuvieron ahí llegaron a adoptar una insensibilidad que de hecho no era nueva -como bien apunta el libro-, porque se ha plasmado durante siglos a través de la imagen del verdugo.

El autor conduce al lector hábilmente por dos líneas: la posible asimilación/comprensión de ciertos crímenes de guerra de un pasado inmediato y la historia en particular de Hanna, para establecer un pavoroso vínculo entre la idea de la culpabilidad palpable y la incierta. Esta mujer transmite una imagen de inocencia tal, que al ingresar a la cárcel es cuando se interesa por la realidad del Holocausto, comprendiéndolo en un nivel que el autor no necesita precisar. La "anestesia" de los sentidos a la que se alude en repetidas ocasiones tal vez no es una idea tan descabellada y, en todo caso, en este libro se manifiesta con tanta claridad que lleva a la reflexión.

Entre tantos aspectos relevantes, destaca el hecho de que el protagonista no se atreviese a hablar al juez de la incongruencia de una posible condena (avalada por la suposición de que Hanna pudiese leer y escribir), ya que ella miente al confesar haber escrito el informe de los hechos.
“Sí, luchaba por eso pero no estaba dispuesta a pagar el precio de ser desenmascarada como analfabeta. Y tampoco le parecería bien que yo traicionase, a cambio de unos cuantos años de cárcel, la imagen que había querido dar de sí misma. Ese trueque sólo podía hacerlo ella, pero no lo hacía, así que estaba claro que no quería hacerlo.”

A pesar de que Michael no "pensaba quedarse con los brazos cruzados", su pasado con Hanna, el juicio y su intención de entender las cosas, hicieron que muchas otras se quedaran como meros propósitos; las consideraciones sobre el analfabetismo y el hecho de que Hanna prefiriese cualquier cosa a quedar en evidencia son, desde mi punto de vista, motivos suficientes para que él no se hubiese decidido a hablar.
Una de las ideas más complejas que lo torturan es la de amor hacia quienes vivieron en esa época y estuvieron de algún modo comprometidos con los crímenes, situación que implicaría "la complicidad con sus culpas". Sin duda, el choque generacional que conlleva el asombro de los más jóvenes ante las atrocidades realizadas, supera los linderos de lo comprensible.
“Me replicaba a mí mismo que en el momento de conocer a Hanna no sabía nada de su pasado. Y así intentaba refugiarme en esa inocencia con la que los hijos aman a los padres. Pero el amor a los padres es el único del que no somos responsables.”

Finalmente, Michael hace lo que puede dentro de los límites que decide establecer en la nueva situación que lo ha comprometido con Hanna (tal parece que quería evitar la responsabilidad de ocuparse a fondo del asunto, cuando él mismo trataba de establecer las implicaciones éticas de lo ocurrido) mientras que ella, padeciendo sus propios procesos interiores, se hace cargo de su destino asumiendo sus decisiones.
Esto último, aunque interesante, me parece menos relevante que la inmensa idea central sobre el "embrutecimiento" y la "anestesia" de los sentidos, a los que tal vez cualquiera podría verse enfrentado, así como al dilema moral que presupone.

13 comments:

  1. Me gusto muchisimo tu reseña.
    Me recordo el argumento de una pelicula que me contaron y cuyo titulo no recuerdo, ¿Se ha llevado al cine esta novela?

    Me pregunto si esta cosa de embrutecimiento que vos señalas no es algo asi como una renuncia a la conciencia, que se pone en manos de una autoridad, algo asi como el HOMBRE MASA de Ortega y Gaset. Una disolucion del yo en una multitud, y con ella una disolucion de la culpa.

    Tu sitio es magnifico, un gusto recorrerlo.

    ReplyDelete
  2. Gracias, Daniel, sí hay una película que todavía no he visto, aunque espero hacerlo pronto.
    Esto que planteas es muy interesante y me parece que aplica al libro con precisión: "Una disolucion del yo en una multitud, y con ella una disolucion de la culpa."

    Gracias de nuevo, ¡un saludo!

    ReplyDelete
  3. Andrómeda:tan bien rondé el libro durante mucho tiempo. Lo saqué varias veces de la biblioteca y lo abandonaba en el primer capítulo.

    Me parece que es una novela cuyo fin es el testimonio y el juicio del narrador, obviamente, las traducciones no ayudan para ver la forma.
    Tu reseña es minuciosa y clara, me gusta esa forma que tenés de tomar la idea particular de la historia.
    También, sentí como vos, que a medida que avanzaba en la lectura, la impresión que me causaba iba variando. Pero en gral, el libro no es denso.

    Hay algo que el narrador quiere destacar sobremanera y es eso que vos recalcás, la naturalización de la violencia y la muerte que se dió en los campos de concetración y que el hombre sigo cometiendo como en la guerra entre Bosnios, Serbios y croatas, Pakistán, Irak etcetcetc.

    Reseña: copada, te sigo leyendo.

    saludos

    ReplyDelete
  4. El libro lo leí hace meses y me gustó mucho, pero la peli aún la vi antes; y aunque el libro aclara mejor la situación, la peli es muy buena, sigue bastante bien la historia.
    Hay una idea, la del concepto de culpa de los que no vivieron la guerra y sus atrocidades, pero han heredado la culpa de sus mayores, y eso les crea una situación incómoda. Un auotor que también ha tratado esto aunque de un modo muy distinto y personal, es G.W.Sebald, en "Austerlitz", por ejemplo. Y H. Böll, en "El angel callaba" también.
    Saludos, Andrómeda. Siento no poder entrar tanto como quisiera en tu blog, pero te sigo.

    ReplyDelete
  5. Hola, Andrómeda
    yo solo vi la película, y tu reseña aclara bastante algunos puntos que no se entendían bien, o que parecían ligeramente tratados. Una cosa sí me quedo pensando: él termina siendo más hijodeputa al no dar el dato que podría, sino liberarla, al menos hacerla acreedora de una condena más leve, me refiero a que cuente que era analfabeta. Es también así en el libro?
    Un placer leer tus reseñas.
    Saludos

    ReplyDelete
  6. ¡Hola Andrómeda!

    Yo sigo sin leer la novela de Schlink, a pesar de tenerla a la mano.
    Tal vez fue un error ver la adaptación cinematográfica primero, y que al final me quedara tan encantado con la película que, acometer el libro, por más que sean lenguajes diferentes, me resultaba poco novedoso.
    Pero gracias a tu reseña me he percatado que hay mucho por descubrir y desentrañar leyéndolo. Así lo haré.

    Saludos,
    R.

    ReplyDelete
  7. Hola, Mario, yo también hubiera abandonado el libro de buena gana tras leer el primer capítulo; ya veo que no sólo a mí me costó continuar.
    Coincido también en que no se trata de un libro complejo y de que la "textura" narrativa es un tanto dispareja.
    Al final vale la pena leerlo por eso que comentas en el último párrafo (y, como dices, tan vigente).
    ¡Un saludo!

    Espero ver muy pronto la película, Ariodante. Por cierto que me llama la atención lo que mencionas del libro de Sebald; lo leí hace tiempo y no recuerdo mucho, creo que no vendría mal una relectura...
    ¡Abrazos!

    Así es, e.r., sin duda las cosas hubieran tomado un rumbo muy distinto si se hubiera decidido a hablar. Es difícil precisar si no lo hizo por su propia comodidad o atendiendo a la angustia que hubiera ocasionado en ella la revelación de su analfabetismo...
    ¡Un saludo!

    Hola, R., yo me resistí a ver la película porque ya había comprado el libro. Por los comentarios me parece está muy bien adaptado, así que tal vez conviene esperar un poco para no tenerlo tan fresco en la memoria...
    ¡Saludos!

    ReplyDelete
  8. ¡Qué historia tan bonita! Se lee en un pispas y deja una sensación agradable.
    Andrómeda, cuando quieras vemos la peli, que me la acaban de prestar. :)

    ReplyDelete
  9. Por supuesto, Madoguna, hoy mismo la busco, que estoy casi segura de que la tengo en casa. XDDD

    ReplyDelete
  10. Pero que bien escribes, Andrómeda!! Llevo tiempo detrás del libro y la película, pero nunca es el momento propicio. Está bien reflexionar sobre esa culpabilidad palpable y la incierta. Y es increible a lo que un ser humano puede llegar a acostumbrarse.

    Creo que la película la veré antes que leerme el libro.

    De nuevo te felicito por cómo escribes. Un abrazo enorme!!

    ReplyDelete
  11. Muchas gracias, María, a ver si vemos pronto la película para comentarla en tu blog.

    ¡¡Besos!!

    ReplyDelete
  12. He leido este libro y coincido contigo en casi todo, hay cosas poco creibles y testimonios muy fuertes, sobre todo me impacto, lo de esa generacion que no vivio la guerra y sin embargo sentian verguenza de sus padres.. Sin duda un buen libro, yo por cierto todavia no vi la pelicula

    ReplyDelete
  13. A mí también me impactó ese aspecto, Carmina, indudablemente supone una carga permanente para el pueblo alemán.

    ¡Saludos!

    ReplyDelete