Bartleby, el escribiente – Herman Melville

Escritor norteamericano (1819-1891).
Plaza & Janés, 1999.

Al leer esta obra me encontré con una frase que me llevó de inmediato a otra que había leído antes, aunque es posterior. El “preferiría no hacerlo” de Bartleby se corresponde de alguna manera con el “me es indiferente” que Meursault, protagonista a su vez de El extranjero, de Camus, repite una y otra vez.

Melville se erige, pues, como precursor de la literatura existencialista y del absurdo; la esencia incongruente de Bartleby también puede reconocerse en obras como Esperando a Godot, de Samuel Beckett.

La trama es sencilla y a la vez perturbadora. El narrador nos cuenta en forma pintoresca las agudas observaciones que hace sobre sus empleados. Al mismo tiempo va revelando aspectos de su propia personalidad, como la dificultad para imponerse en ciertos casos o ante determinados caracteres.

Melville define a los personajes mediante pinceladas precisas. Se trata de escribientes o copistas que realizan un trabajo mecanizado en el que influye el estado físico en que se encuentran. Así, Turkey, hombre maduro, se esmera en su actividad por las mañanas, mientras que en las tardes el ambiente opacado por la falta de luz se refleja también en su estado de ánimo, produciendo no una situación de letargo, sino todo lo contrario, aunque contraproducente para los papeles emborronados que muestran las huellas del descuido que producen los estados febriles.
Nippers, por otra parte, es un joven indigesto y nervioso a quien el trabajo sienta mejor al atardecer, de tal forma que el dueño de las oficinas logra cierto equilibrio en el pequeño entorno laboral.
Ginger Nut es un muchacho de doce años, aprendiz y mandadero principalmente, que funciona como personaje incidental.

De esta forma transcurren los rutinarios días, hasta que en una ocasión se hace necesaria la presencia de un nuevo copista:

“Reveo esta figura: ¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada! Era Bartleby.”
Bartleby comienza su trabajo con empeño, pero pronto toma un camino descendente. En la primera ocasión en que se requiere de una lectura conjunta para revisar los escritos, se niega a participar mediante un simple “preferiría no hacerlo”. El jefe procura comprenderlo pero su sorpresa va en aumento al comprobar que Bartleby, sin exaltarse y siempre con docilidad, se mantiene en lo dicho en diversas circunstancias y a través de las mismas palabras. En un momento dado, el escribiente opta por no copiar ni ocuparse de nada más, rehusando abandonar la oficina en que permanece noche y día.

El abogado, ante el cariz tomado por las cosas, perplejo e incapacitado para enfrentarse a semejante absurdo, decide mudarse y establecer su negocio en otro sitio. Bartleby se queda en el lugar hasta que la policía lo conduce a prisión, donde su empecinamiento lo lleva a abstenerse incluso de comer.

El narrador, testigo de esta historia que sigue con profundo interés, acompaña a Bartleby hasta el final, invitándolo a mudarse a su propia casa. Pero el copista, ante cualquier circunstancia, “preferirá no hacerlo”.

El autor decide dar al desconcertado lector una pista sobre las posibilidades de lo ocurrido. Bartleby, “el más triste de los hombres”, había sido empleado en la Oficina de Cartas Muertas de Washington, realizando una tarea funesta:

“A veces, el pálido funcionario saca de los dobleces del papel un anillo –el dedo al que iba destinado, tal vez ya se corrompe en la tumba-; un billete de Banco remitido en urgente caridad a quien ya no come, ni puede ya sentir hambre…”
Si Albert Camus enmarca su novela en el ambiente desolador y sin sentido de la posguerra, Melville lo hace antes demostrando que un entorno infeliz y amargo puede llegar a ser definitivo e implacable para el ser humano. 

22 comments:

  1. Andrómeda,...creo que la sonrisa debe estar muy presente en la lectura de este libro...en el absurdo...al menos creo que me reiría.
    Y coincido plenamente con el narrador, hay determinados caracteres muy difíciles, con quienes cuesta imponerse.
    Una delicia comos siempre, pasar por aquí y leerte.
    Un abrazo:) (tomo nota del libro)

    ReplyDelete
  2. Ya que lo mencionas a mí también me recuerda a Meursault. Salvando las distancias es la misma postura absurda que no hace sino mostrar las taras, no de los individuos en sí, sino de la sociedad en la que están inmersos.
    Un abrazo. ;)

    ReplyDelete
  3. ¡Hola Andrómeda! Leí Bartleby hace muchos años en el colegio, pero ahora tengo ganas de releerlo a causa de la novela rara (pero divertidísima) Bartleby y compañia, de Vila-Matas. Por lo que se refiere a Melville, finalmente leí su obra maestra Moby-Dick el mes pasado...y me quedé estupefacto frente a la prosa hermosa y provocadora. ¡Saludos desde Nueva Inglaterra!

    ReplyDelete
  4. Por supuesto que el absurdo tiene situaciones que hacen reír, María (aunque, si no mal recuerdo, reí más con Esperando a Godot). :D
    Gracias por pasar. ¡Besos!!

    Así es, Lola, la sociedad anula a ciertos personajes especialmente sensibles que en estas obras son llevados a posturas extremas para destacar la falta de objetivos en la vida.
    La filosofía de Camus es más compleja, desde luego (por aquí debo tener El mito de Sísifo, para darle un repaso), aunque el libro de Melville me parece un digno precursor.
    ¡Abrazos!!

    Hola, Richard, leí tu reseña de Moby Dick pero no recuerdo si dejé un comentario (ahora mismo voy a comprobarlo). :D
    Me encantó esa novela, pero debo decir que me costó leerla (algunos capítulos son especialmente densos, como los dedicados a describir en forma interminable a las ballenas...).
    Tengo que leer el libro de Vila-Matas, ¡en cuanto pueda vuelo a comprarlo!
    ¡Un saludo!!

    ReplyDelete
  5. Hola, Andrómeda! Bartleby es un icono, ciertamente, de determinada postura ante la sociedad. Te recomiendo, como Richard, el libro de Vilá-Matas. Habla de otros muchos Bartlebys, y a mi me hizo descubrir a Robert Walser (no sé si viste la reseña en mi blog de "Jakob von Gunten") y en general, ver la perspectiva bartlebyana mucho más profundamente. A primera vista produce hilaridad, pero es como la hilaridad de los hermanos Marx: corrosiva.
    Te vuelvo a felicitar por tu precioso Blog, Andrómeda: estéticamente es divino. Y no digamos los contenidos. Ojalá pudiera entrar más a menudo!

    ReplyDelete
  6. Hola Andrómeda: leí Bartlebly de la colección Biblioteca de Borges, volumen que también integran dos relatos más Benito Cereno y Billy Budd. Según Borges, Bartlebay prefigura a Kafka, figura desconcertante que se niega a la acción. Ahora que lo mencionas también coincido con vos sobre su parecido al protagonista de El extranjero. Y hablando de otro asunto, no me había percatado de la columna de pinturas que tiene tu página a la derecha, están copadas- saludos

    ReplyDelete
  7. Querida, Ariodante, te agradezco la recomendación, voy a leer la novela de Vila-Matas en breve.
    Leí tu estupenda reseña del libro de Walser; ya lo tengo pero entre tantas obras aún no le ha llegado el turno. Sin duda este es buen momento.
    Gracias por la visita y por tus palabras sobre el blog.
    ¡Un abrazo!

    Muy cierto lo de Kafka, Mario; los entornos son igualmente hostiles y los personajes no encuentran el camino a seguir o una posible solución a lo que se va presentando.
    Sin duda hay mucha tela de dónde cortar con este tema. :)
    Voy a buscar el texto de Borges. Gracias, ¡un saludo!!

    ReplyDelete
  8. ¡Hola Andrómeda!
    Como siempre, excelente reseña que nos regalas de esta joyita de Melville.
    Inevitablemente, me aúno a los que disfrutaron del libro de Vila-Matas y no dudan en recomendar su constelación de Bartleby o escritores del no, o artistas del silencio. Ya estoy contando los días que faltan para que el catalán visite mi país.
    Saludos,
    R.

    ReplyDelete
  9. Hay que leer de un tirón Bartleby y Bartleby el escribiente , dos buenos libros de verdad.
    Hay muchas veces que “ la frase prefiero no hacerlo” , gira dentro de mis lecturas
    Bella edición

    ReplyDelete
  10. Hola, R., el fin de semana compré el libro de Vila-Matas y apenas puedo esperar para leerlo. Ya contarás acerca de la visita...
    ¡Saludos!!

    Jajajajaja, Leox, buen punto; ante ciertos escritores a veces ronda la frase "preferiría no leerlo". :)
    ¡Un saludo!

    ReplyDelete
  11. Gracias por traernos a Bartleby tan bien pues le tenía muchas ganas y ahora se convierte en lectura prioritaria.

    ReplyDelete
  12. Holaa! He visto tu página, está muy bien y tiene mucha información. Te enlazo en mi blog. Cuando tenga más tiempo me pasearé más a fondo. Esta obra de Melville la tengo pero no la he leído. Tendré que hacerlo!

    Saludos :D

    ReplyDelete
  13. Hola, Carlos, me parece que este relato te va a gustar. :D
    ¡Un saludo!

    Gracias, Néstor, me encantó tu blog; lo enlazo ahora mismo.
    ¡Saludos!

    ReplyDelete
  14. Hola Andrómeda. Es increíble pero aún no he leído este breve relato (y eso que lo tengo en una coleccíon de cuentos americanos). Sí leí la obra de Vila-Matas sobre los Barleby y compañía.

    La verdad es que es un fenómeno que creo que a todos nos ha ocurrido en algún momneto de la vida, que todo te da un poco igual.

    Un abrazo.

    ReplyDelete
  15. Hola, Andrómeda, resulta que Bartleby está pendiente de lectura desde hace lo menos un par de años, y no me explico por qué nunca le llega el turno, o le llega pero miro para otro lado. No quisiera aplicar a esta lectura ese "preferiría no hacerlo" -:)

    Feliz semana, besos.

    ReplyDelete
  16. Es cierto, Gww, todos pasamos por periodos de desencanto; a veces ante el mejor de los incentivos simplemente pensamos que "preferiríamos no hacerlo" o que "nos es indiferente".
    Abrazos.

    Wara, me pasa eso mismo con tantos libros... La pila es inmensa, pero lo bueno es que esta obra es tan cortita que en una o dos horas queda ventilada. :D
    Feliz semana para ti también, un abrazo.

    ReplyDelete
  17. Esta historia y su particular personaje me fascinan. El contundente "preferiría no hacerlo" es tan arrogante e irrisorio al mismo tiempo.

    ReplyDelete
  18. Hacía meses que no pasaba por tu blog. Si no recuerdo mal estuvo algún tiempo inactivo ¿no? Me alegra mucho volver por aquí, es un lugar especial.
    Estupenda reseña de un gran libro. Yo le tengo un cariño especial, fue uno de los primeros que reseñé.

    Un placer leerte de nuevo.

    Javier

    ReplyDelete
  19. Gracias, Javier, la verdad es que he estado corta de tiempo pero ya me iré actualizanco poco a poco (espero). :D
    Estoy leyendo Bartleby y compañía, de Vila-Matas (llegué a él inspirada en esta obra), pero no me está enganchando mucho que digamos... A ver qué tal sigue, todavía me falta mucho para terminar.
    ¡Saludos!!

    ReplyDelete
  20. Great information! I’ve been looking for something like this for a while now. Thanks!

    ReplyDelete
  21. Creo que el encuentro que ves entre Bartleby y Meursault es completamente justificado. Los dos adoptan una postura que provoca incomprensión del otro. La prisión donde ambos acaban sus vidas es el paradigma de esa incomprensión.

    Te aconsejo que leas el ensayo de Gilles Deleuze, llamado "Bartleby o la fórmula", donde muestra como esta incomprensión parte de la lengua misma, de aquella fórmula tan fuerte y característica “preferiría no hacerlo”.

    A mi parecer la última ultimísima parte de la obra sobra un poco. No pienso que haya que justificar la actitud de Bartleby con razones psicológicas. La postura existencial pierde fuerza.

    Acabo de descubrir tu blog y ha sido una grata sorpresa! Te seguiré leyendo!

    1 abrazo

    ReplyDelete
  22. Hola, Calle del Orco, me alegra que coincidamos. Bartleby y Meursault son como hermanos literariamente hablando. No conocía el ensayo de Deleuze, mil gracias por la recomendación.
    También me pareció algo sobrada la parte final, aunque después de Moby Dick no puedo más que reconocer la amplia economía de palabras de Melville en esta obra. Je je.
    Un abrazo, gracias por pasar y comentar. :D

    ReplyDelete