Blankets (novela gráfica) – Craig Thompson

Escritor norteamericano, 1975.
Drawn & Quaterly, 2015

Siempre tengo presente el propósito de leer más novela gráfica porque sé muy bien que por ahí hay varias maravillas de las que aún no disfruto. Este caso no es la excepción, y más tratándose de una obra autobiográfica tan bien lograda. 

Es sorprendente la forma en que vemos pasar ante nuestros ojos la niñez y adolescencia del Craig Thompson, autor de este libro, mediante una narración notable asociada a elocuentes dibujos que nos cuentan una historia inolvidable. 

No se trata de una historia sencilla, casi desde el primer momento destaca la implacable represión paterna en la vida de Thompson, así como el yugo social, ambos con base en la perturbadora vastedad de ideas religiosas de una comunidad rural en Wisconsin. Se señala incluso un atisbo de abuso sexual en el que no se profundiza, pero que deja el espíritu oprimido. 

Thompson procura centrarse en las aventuras imaginarias que en su niñez compartía con su hermano Phil, en los sueños infantiles y en el dibujo como vía de escape que le hacía amar la vida aunque solo fuese por algunos instantes.


La desdicha aparece con mucha fuerza desde su temprana adolescencia acosada por una religiosidad muy arraigada: el tema divino, la posible pérdida del alma o el castigo celestial, entre continuas lecturas de la Biblia.
En cierto punto, Thompson comienza a desear quemar sus recuerdos, eliminar las memorias acerca de gente de su infancia hablando del dolor, del infierno, de los gritos y gemidos del pecado. Llegan a su mente también evocaciones sobre los campamentos cristianos donde solo los chicos populares eran bendecidos por Dios con dotes sociales y atléticas. Situaciones en que la buena voluntad no serviría jamás para saciar al Dios voraz que a él lo contemplaba decepcionado por su pequeñez e ineptitud. 
Craig Thompson se ve envuelto en ese ambiente de doble moral que predomina en tantos lugares cristianos donde las conversaciones nocturnas “pecaminosas”, rebosantes de la curiosidad de los chicos, se contraponen con las inmaculadas charlas espirituales diurnas. 
En este joven de espíritu frágil y sensible, el choque de ideas ocasionaba un gran conflicto moral que procuraba resolver abstrayéndose del entorno y centrándose en la lectura de su inseparable Biblia. 

Ya en la época del Instituto, Thompson había aprendido a buscar a otros seres marginados y este es el momento del primer amor encarnado en la figura de Rania, la chica que colma las aspiraciones afectivas que se ven entorpecidas gracias al continuo dilema moral y religioso que forma parte de su ser.

El grueso de la novela se centra en esta experiencia del fabuloso despertar al amor, en la agobiante intensidad de las emociones que desbordan al personaje y que lo llevan a experimentar toda clase de sensaciones exaltadas. 
La inocencia y religiosidad de Craig lo hacen sentirse abrumado en varios momentos en que vienen a su mente los pensamientos acerca de la condición humana pecadora e impura que tanto le inculcaron sus padres. Imágenes pasadas y presentes se confunden para dar un tono ligeramente amargo al cariño inocente que apenas empieza a gestarse. 
A pesar de esto, el sentimiento que se manifiesta entre ellos no deja de ser extraordinario y muy emotivo. Amor, religiosidad, nuevamente amor volcado en goces que pretenden reprimirse y que en realidad afloran susurrantes una y otra vez para mostrar que el afecto es ambicioso, insaciable y que la culpa no cabe en él. 


A veces las ideas religiosas son insustituibles, pero en ciertos casos puede presentarse la lucidez o el discernimiento; un abrir de ojos que llevaría a Thompson a la liberadora decepción religiosa que rompe cadenas al por fin comprender que el dogma mal entendido puede crear pesadumbre y barreras entre las personas. La fe que se había adherido a su mente de mala manera se diluye al atisbarse una madurez precedida por experiencias tan duras como las suyas. En este punto la realidad y el recuerdo se entremezclan como en un sueño, fundiéndose y aniquilándose para dar paso a un nuevo lienzo en el que solo tendrán lugar las imágenes que puedan surgir a través del nuevo ser que ha conseguido desechar lo que ya no conviene a su nueva esencia, porque afortunadamente todo se transforma. 

Los elementos polifacéticos que componen el relato quedan bellamente plasmados e integrados en esta obra tan especial, sin duda Craig Thompson es todo un artista. 

Muy recomendable.

Craig Thompson

*Imágenes tomadas de Internet