Almas grises - Philippe Claudel

Escritor francés, 1962.
Salamandra, 2005.

Un asesinato sirve de pretexto para describir al pueblo de V. y sus habitantes, el narrador testigo cuenta con un bellísimo lenguaje las vidas y desventuras de los personajes que languidecen en un “desfile de sombras”. 

El fiscal Pierre-Ange Destinat, “el Chupasangre”, era una de las figuras prominentes del pueblo, siempre implacable en su trabajo. Solía comer en el Rébillon, cuyo dueño era Bourrache, padre de tres hijas: Aliñe, Rose y “Belle de Jour”, jovencitas a quienes todos conocían en el trajín diario del mesón. 
“Cuando las tres hermanas estaban en el comedor, llevando y trayendo cubiertos, jarras de agua y litros de vino entre decenas de hombres que hablaban sin tapujos y bebían sin moderación, se me antojaban flores olvidadas en una taberna dudosa. La pequeña, sobre todo, parecía tan fresca que siempre la vi muy lejos de nuestro mundo.”
Un día helado de 1917, Belle de Jour, la pequeña de 10 años, aparece estrangulada en la orilla del canal.
“Parecía una princesa de cuento con los labios azules y los párpados blancos”. 

El tiempo pasa lentamente y los sombríos personajes van envejeciendo página tras página. Ante el hastío, el juez Mierck incluso se alegra de tener un asesinato en forma y su imagen grotesca engullendo huevos mientras considera los hechos contrasta con la fragilidad lúgubre de la pequeña fallecida. 

Gracias a una fábrica era posible la existencia del pueblo y un grupo de obreros se salva de ir a la guerra por las necesidades de la industria. El maestro Fracasse, en cambio, se ve forzado a ir y nunca más se sabe de él. 

El fiscal Destinat, viudo, vivía en soledad, solo conservaba a dos empleados de los muchos de la antigua opulencia familiar. Este hombre tenía un aura legendaria: entre visitas semanales a la tumba de su mujer, la audiencia en V. y el palacio pasaban los años y su estampa permanecía inmutable. Mantenía una fría distancia hacia los acusados y usualmente generaba imágenes malignas y descarnadas en la gente que componía el jurado. 

El maestro Fracasse fue sustituido por otro que llevaba encima el trauma de la guerra y que hacía locuras frente a los chicos. Pronto llega la joven maestra Lysia Verhareine, “un auténtico rayo de sol”, “tan atractiva como para no necesitar un oficio”. 
Destinat se enamora al instante y el autor lo deja reposar en su aturdimiento para hacer una intensa reflexión sobre la desgracia de la guerra, señalando a tantos jóvenes que se aproximaban hacia la muerte pensando que podrían evitarla; hombres que no podrían escabullirse del absurdo infortunio de tener que morir destripados “lejos de la sonrisa de una mujer”

La vida de Lysia era en realidad más oscura de lo que dejaba entrever, a través de un cuaderno suyo se descubre tanto su personalidad como el desasosiego que la inundaba y en cierta forma esto amalgama las sombras del resto de los seres que pueblan estas páginas, todos grises, como el título. 

En realidad el asesinato no es lo relevante, sino más bien relatar el paso espectral de la gente del pueblo por la vida. Se narran matrimonios frustrados como el de Bourrache por la postración de su mujer, o por la muerte prematura como en el caso de las esposas de Destinat y el propio narrador; se cuenta también el asunto de los maestros, entre ellos el de la hermosa Lysia que espera con ansias el regreso de un soldado mientras el fiscal alberga esperanzas con ella, así como la curiosa obsesión de este último personaje por la niña asesinada en el canal…
Y por encima de todos estos aspectos, el terrible suceso en torno al narrador que ocupa gran parte de la segunda mitad del libro, hecho que deja al lector sin aliento y que contribuye a redondear ese mundo de pesadumbre, dudas y un desconsuelo desgarrador ante las desgracias que no dejan de sucederse y de las cuales todos se llevan una buena tajada. 

Se trata de un libro inmensamente bello, envolvente, que muestra una introspección colectiva en la que ya no importa quién es el asesino, sino ese fresco de espíritus atormentados, de vidas insípidas y desgraciadas que padecen lo suyo en un ambiente depresivo y rutinario, con la guerra y sus sufrimientos como trasfondo constante, donde unos se alegran de no estar en el pellejo de esos otros que van a exponer su existencias bajo la gran probabilidad de quedar perdidas o destrozadas para siempre. 
La penumbra jamás se aclara del todo, muchas de las cuestiones que se van desvelando conservan un halo de misterio que quedará vetado para siempre entre las tapas del libro. 

Gran escritor, me dejó impresionada con esta novela.


Philippe Claudel
*Imagen tomada de Internet