Cuentos completos I - Silvina Ocampo

Escritora argentina (1903-1993).
Emecé Editores, 2006.

Es toda una aventura introducirse en los cuentos de Silvina Ocampo, cargados de recursos literarios para describir tanto horrores como escenas cotidianas impactantes entre presagios turbadores y funestos. Tomaré como ejemplo solo algunos de los muchos de este primer tomo. 

En Cielo de claraboyas, se narra la desventura de un pequeño ángel al desatar la más profunda oscuridad de un ser colérico, de la ira personificada como vil demonio. Las imágenes aparecen en forma de garras y alas diabólicas. 
La espectadora es una chica que está de visita en casa de su tía, una casa cuyo primer piso posee un “cielo de claraboyas” a través de las cuales se adivina la presencia de otra familia en la parte superior por medio de pies y sombras proyectadas. 
La criatura salta con pies ligeros, al parecer no quiere dormirse y entonces surge la abominación de su madre o cuidadora y de ahí los atisbos aterradores de maltrato, mechones en la mano y crimen. 
Más tarde se encubre el hecho y empiezan a vislumbrarse los arrodillados dolientes, entre ellos el monstruo que en sorprendente contraste se reviste de santidad al quedar también en posición inclinada de oración. 
La descripción final, llena de vida, le da un cierre de contraste estremecedor a todo este suceso que ha sido visto o presentido bajo el tamiz de las claraboyas, lo cual le otorga  también un cariz impreciso de ecos y matices sobrenaturales, aunque no por eso menos brutal. 

En El vestido verde aceituna, la ya anciana Miss Hilton guarda recuerdos que la transportan a los lugares de hechos pasados de los que habla con vehemencia: “Toda su vida estaba encerrada en aquel baúl”.
Su discípula la peina con trenzas que se enroscan en la cabeza y así posa ante un pintor, enfundada en un vestido verde aceituna. Pero él solo había pintado el peinado sin ella saberlo. 
En este cuento el pudor hace su aparición ante el engaño del pintor: no era el vestido lo que destacaba, sino un peinado que iba a adornar a otro cuerpo, un cuerpo desnudo opuesto incluso al recatado bañador que usaba para meterse al mar. 
“Los días que iba a posarle al pintor, Miss Hilton se vestía con un traje de terciopelo verde aceituna que era espeso como el tapizado de un reclinatorio antiguo.”
Nuevamente aparece la bruma en estos relatos. El estudio del pintor, humeante, sugiere la confusión perversa en el sentir de una anciana ultrajada en el recato que ha observado en todo momento, pero que el mismo velo del engaño ha trastocado. 


En Informe del cielo y el infierno, ambos lugares aparecen como ciudades entre las “sensaciones y espectáculos” que ofrece la vida eterna. 
Habrá que elegir de acuerdo a lo que muestren ángeles y demonios; la elección será difícil, ya que si se escogen más cosas del cielo se corre el riesgo de parecer concupiscente, y así este truculento dilema lleva al ser humano a pender de un hilo en cuanto a su futura vida infernal o celestial. Con esta escritora no hay nada seguro y la incertidumbre florece incluso después de la muerte. 

En Éxodo, se observa la huida más o menos desordenada de los animales ante el inminente incendio que presienten antes que nadie. A la gente, en cambio, se le pasea el alma por el cuerpo y muchos quedan atrapados en la ciudad en llamas. A veces más vale un buen instinto que la eterna duda y razonamiento humanos. 

En Las fotografías, se narra el cumpleaños de Adriana, quien desde siempre tuvo “vocación por la desdicha”. Se describe la nutrida escena: fiesta, comida, calor, familia y llegada del fotógrafo mientras las viandas han sido abanicadas para evitar a los insectos voladores.
El turno es de las fotos antes de que el cuadro de aperitivos desaparezca, así que empiezan a sucederse una tras otra en diversos escenarios y distintas compañías: rostros infantiles, jóvenes o marchitos, todos familiares y ansiosos. 
La niña Adriana, bañada en sudor, en su silla de paralítica y con botines ortopédicos, es fotografiada sin descanso para culminar con una última foto en la que le imponen un triste abanico negro, premonitorio e infausto. Se siente desfallecer entre el brutal bullicio que no la toma en cuenta, que no advierte su debilidad de niña recién salida del hospital. Lo importante es tomar las fotografías. 
Es curioso que la narradora de este relato, tan presente en la escena como un personaje más, no interviniera para salvar a la pequeña de esa vorágine interminable  y desconsiderada llamada “familia”. 

En La propiedad, nos encontramos en un paraíso frente al mar. La cocinera cuenta su historia, al principio colmada de regalos por parte de la dueña del lugar. Vestidos, maquillaje… Y así pasaba el tiempo, con la cocinera entre cirugías plásticas gratuitas hechas por practicantes y la señora preocupada por adelgazar. 
Hasta que llegó a trabajar ahí Ismael Gómez, un hombre que puso punto final a los regalos porque consideraba que un traje usado quedaba mejor que uno nuevo.  La comida cambió  y llegó otro cocinero recomendado por él mismo. Y así, Ismael Gómez fue usurpando el lugar de la señora para desgracia de esta, aunque a la cocinera no le fue nada mal, por lo que no pudo menos que agradecer todo el suceso y la “bondad” de Ismael. 
Este relato es muy crudo, expone los peligros de fiarse de alguien, de depender y delegar sin control alguno porque en estos casos nunca se sabe en manos de quién van a ir a parar los bienes de una persona. El lobo que aparece con piel de cordero.  

El Pecado mortal me impresionó especialmente al observar el despertar de la sexualidad de una niña con una curiosidad natural que, por muy precoz o acentuada que fuese, no daba derecho a nadie a perturbarla aprovechando tal circunstancia, cosa que ocurre por la oportunista intervención de un adulto, un criado que a veces hacía de cuidador. Él le muestra algo pecaminoso y ella queda muy perturbada.
 El aspecto religioso del cuento está muy bien delineado porque la culpa que siente la chica es real, incluso se le observa en la iglesia “helada y pálida”, no consigue confesarse ante el resonar de la conciencia, por lo que comulga en pecado mortal el día de su primera comunión. 
“Al ver tu rostro inocente y melancólico, nadie sospechaba que la perversidad o más bien el vicio te apresaba ya en su tela pegajosa y compleja.”
La misericordia aparece, como en otros cuentos, para ayudar a sobrevivir a algunos personajes de este libro. 

Rhadamantos nos cuenta la historia de Virginia, quien ha envidiado profundamente a otra mujer que está frente a ella, muerta en su velorio. Pero la envidia no termina, en su delirio ahora le parece que está “muerta como una piedra preciosa que no sufre”. Ahí, tan llorada, amada y joven para siempre, aunque suicida. 
Para Virginia es una injusticia, nadie ha llorado nunca por ella, la muerta sigue siendo el centro de atención, incluso “se había arreglado, peinado y pintado para torturarla”. 
Entonces maquina una injusta y cruel venganza para manchar su memoria. 
El ser humano puede no tener límites con sus obsesiones desquiciantes. 

Carta de despedida es la misiva de un joven a su madrina, en ella se describen las costumbres melancólicas y de aislamiento de la mujer. El ahijado está enamorado de ella y le tortura que un tal Juan la visite cada noche. 
El muchacho se irá para siempre y para olvidar ese amor inflamado ingresará a un claustro en el cual rezará para evitar el infierno de los celos. 
Los amores infantiles a veces trascienden y se vuelven una tortura. 

En La casa de los tranvías vuelve la idea obsesiva, en este caso por un rostro femenino que aparece a diario en el lugar. Una idea lleva a otra y el empeño por lograr un cometido ilógico y fuera de lugar crece y se adueña del mayoral del tranvía número 15. 

En Autobiografía de Irene, la mujer de dicho nombre piensa en las alegrías y sinsabores de su vida y en la idea ansiada de morir:
“En realidad pienso que lo único triste que hay en la muerte, en la idea de la muerte, es saber que no podrá ser recordada por la persona que ha muerto, sino únicamente y tristemente por los que la vieron morir.”
Irene hace un recuento de su vida: padres, mascotas, experiencias religiosas donde solía unir belleza y santidad en su imaginación. Cuando la Virgen de Luján se le aparece en una ventana, su proceder religioso da un giro y cobra gran relevancia mientras continúa la descripción de los años que pasó con su familia entre flores y perfumes, hasta que su padre plantó una enredadera en donde su madre solía sentarse a tejer. Irene tenía quince años cuando presintió la muerte del padre, anticipándose a ella de tal modo que ocasiona malestar y hasta sospechas. 
Irene entonces empieza a creerse dueña de un don especial en el que sus deseos serán cumplidos, por lo que habría que ser muy cuidadosa con ellos. Llega también a la conclusión de que el don de recordar es lo verdaderamente importante, porque por estar mirando hacia el futuro se le va difuminando el pasado. 
Irene elude a cualquier pretendiente porque debe ya empezar a bordar un mantel que será admirado en su velorio. Los que la rodean tienen sus propias impresiones: 
“Nadie la quiere, ni sus hermanos. A los quince años mató a su padre. El diablo se apoderó de ella, quién sabe en qué forma.”
Y ella, tan entretenida en el futuro, empezaba al fin a recuperar el recuerdo del pasado sin desistir del presentimiento de su propia muerte. 
Este es un cuento muy peculiar que de alguna forma resume el empeño en plasmar destinos aciagos, predeterminados por fuerzas desconocidas entre noches insomnes de angustia y desasosiego.

*Imagen tomada de internet 

En esta obra desfilan momentos soporíferos, turbadores y espeluznantes; seres sombríos, amistades perdidas, envidias, maldad, vidas anodinas, conformistas y, sobre todo, obsesiones pavorosas que se apoderan de distintas maneras de los personajes. Toda una galería de seres taciturnos, desgraciados y sin suerte.
En el universo creador de Silvina Ocampo son unas pautas insospechadas e indescifrables en la mayoría de los casos las que rigen los comportamientos y las elecciones. Aquí no hay nada completamente inocente, los demonios acechan y acosan constantemente a quienes osan salir de tan prolífica imaginación. 

No comments:

Post a Comment