En las nubes - Ian McEwan


Escritor británico, 1948.
Anagrama, 2007.

Este libro consta de siete episodios cuyo hilo conductor es Peter Fortune, un chico de diez años cuya existencia transcurre siempre a medio camino entre ficción y realidad, es decir, “en las nubes”. A Peter le gusta la soledad para ensimismarse en sus propios asuntos, mientras que los adultos se inquietan ante tanto silencio. Peter aparece ante sus ojos como una criatura pasiva e incluso de lento aprendizaje, pocos adivinan el intenso mundo interior que experimenta día con día: un universo colmado de fantasías, hazañas e interesantes cuestionamientos que lo llevan a ponerse en el lugar de otros seres para poder conectar con ellos y entenderlos. 
“En la escuela dejaba a menudo su cuerpo sentado en el pupitre mientras su mente se perdía en las nubes.”
El problema para Peter es que basta con un estímulo externo, con un mínimo atisbo real para que su imaginación se desborde en un caudal de inventiva y situaciones fascinantes. Pero ni en el hogar ni en la escuela esto es visto con buenos ojos y mas bien se convierte en un motivo de preocupación en el que no se profundiza porque aquí lo importante es la perspectiva del ensueño y la ficción que todos llevamos dentro en mayor o menor medida. 

La secuencia de historias arranca con “Las muñecas”. Peter comparte habitación con su hermana Kate, en cuya mitad se encuentran varias muñecas de diversa índole: vestidas, desnudas, sentadas con desenfado o recargadas en diversos objetos. Entre ellas destaca una muñeca de rasgos malvados que hace de portavoz de las otras: la imaginación del chico hace que las muñecas le reclamen su condición de hacinamiento en una esquina mientras que él ha vivido a sus anchas. 

En “El gato”, Peter abre al gato William como si este fuera de trapo con cremallera, a continuación ambos espíritus flotan y se deslizan en el cuerpo contrario como si sencillamente cambiasen de vestimenta para vivir las aventuras del otro en carne propia. Es un cuento fascinante. 

“Qué delicia era caminar sobre cuatro almohadilladas patas blancas. Veía los bigotes que surgían a ambos lados de la cara y sentía la cola que se curvaba tras él. Su andar era ligero y el pelo era igual que el más cómodo de sus viejos jerséis de lana. A medida que aumentaba el placer de ser gato, su corazón se henchía y una hormigueante sensación procedente de su garganta crecía tanto que hasta podía oírla. Peter estaba ronroneando.”

En “La crema disolvente”, Peter prueba a desvanecer a los miembros de su familia aplicándoles la mágica sustancia, para después darse cuenta de cuánto le hacen falta en realidad.

Entre estas historias destaca también “El bebé”, en donde una vez más Peter intercambia cuerpos, en este caso con el de un latoso bebé que le colma la paciencia. Solo al experimentar el cúmulo de novedosas sensaciones del pequeño, Peter puede dejar de percibirlo como un ser monstruoso. 

McEwan suprime lo prescindible en esta maravillosa exégesis de la existencia humana en la que todas las etapas son dignas de comprenderse e incluso de experimentarse para abrazar la vida con más intensidad. La vastedad no es necesaria, la precisión de cada relato y el magnífico lenguaje usado para describir cada pensamiento o percepción dan como resultado una pequeña obra maestra. 

No comments:

Post a Comment