Penélope y las doce criadas (The Penelopiad) - Margaret Atwood

Escritora canadiense, 1939.
Salamandra, 2005.

En esta reelaboración de al menos parte de la Odisea,  Margaret Atwood se acerca al lado femenino exponiendo el punto de vista de Penélope ante la ausencia de su marido, el acoso de los pretendientes y el papel de las criadas. 
Odiseo es retratado como un hombre tramposo, mentiroso y con mucho poder de convencimiento. No obstante, a Penélope la hizo feliz y en las horas que pasaba con ella le dedicaba toda su atención haciéndole el amor, contándole historias y escuchando las suyas, por lo que a ella le tenía sin cuidado esta parte de la personalidad del héroe quizá heredada por línea directa de Hermes, el dios de los ladrones. Si bien procura no dejar de mostrarla para que al lector le quede muy claro cómo se las gastaba Odiseo.

Penélope menciona con frecuencia a su prima Helena, la causante de la guerra de Troya, a la cual pinta como una mujer de gran belleza y superficialidad que contrasta con el atractivo más modesto de ella misma, compensado por su gran capacidad e inteligencia.

Desde el primer momento aparece el coro que en el teatro griego representaba el pensar y sentir del pueblo y resulta que aquí este coro de criadas se encarga de desmentir la legendaria virtud de Penélope, modelo de fidelidad y espera, afirmando que se acostaba con Antínomo, uno de los pretendientes, y que "disimulaba con llantos y gemidos su lujuria". 
Como este hecho era del conocimiento de las criadas, Penélope tenía que hacerlas callar a como diera lugar en complicidad con su aliada Euriclea, quien afirma:
  "Les cerraremos el pico al Hades enviándolas".

Mientras tanto, Penélope se haría famosa a través de los relatos de Homero por su conducta ejemplar de esposa. 
Este capítulo sintetiza parcialmente el meollo del asunto mientras que la posición de ella a lo largo de estas páginas es precisamente la de reforzar la idea de la mujer fiel, recatada, triste y desesperada. Afirma haber sentido simpatía hacia Antínomo y encontrarlo "agradable", pero que de ahí a la cama "había mucho trecho". 

El coro de criadas muestra a unas mujeres furiosas que increpan a Odiseo constantemente. Le reprochan el hecho de que se hubiera acostado con todas las diosas, princesas o rameras que se iba encontrando en el camino mientras que a ellas las mata injustamente por haber sido violadas y utilizadas por los pretendientes sin su permiso, solo para conservar su buena reputación. 

Todo esto es narrado desde el Hades donde los espíritus vagan. Algunos como Telémaco han vuelto reencarnados a la tierra en varias ocasiones, mientras que las criadas continúan juntas en su pena y alejadas de Penélope, siempre con la eterna pregunta a Odiseo en los incorpóreos labios:
"¿Te acuerdas de nosotras?"
"Tú nos agarraste, nos ahorcaste, nos dejaste colgando como ropa tendida."
 
"¿Por qué nos mataste? ¿Qué te habíamos hecho que exigiera nuestra muerte? Nunca respondiste esas preguntas." 
"Ahora no puedes librarte de nosotras dondequiera que vayas: ni en la vida ni después de otra vida ni en ninguna otra vida que tengas."
En un momento dado, al recordar cuando estaba al fin la pareja en la antigua cama, entre amor y confidencias, Penélope hace una interesante declaración que la pone en entredicho:
"Ambos reconocíamos ser unos competentes y descarados mentirosos desde hacía tiempo. Es asombroso que nos creyéramos algo de lo que decía el otro. Pero nos lo creímos. O eso dijimos." 
Hacia el final se hace un juicio tardío (unos tres o cuatro mil años después) en el que se exponen las razones de Odiseo ante la matanza de los pretendientes y las criadas. Esta parte no me gustó porque no lleva a ninguna parte y porque es difícil intentar juzgar los hechos de un pasado remoto bajo una mirada actual aunque en realidad se intenta hacerlo también desde la perspectiva antigua. El juez se pone de parte del acusado, un lado claramente masculino concordante con la época en que se llevaron a cabo los sucesos. Las criadas, sin embargo, continúan muy afligidas exigiendo justicia. 

Me parece buena esta interpretación de la historia desde la visión femenina, aquí nadie es tan inocente como parece y tal vez tampoco tan ruin. Las criadas se encontraban en una situación compleja y como ya se ha visto se dan al menos dos posibilidades distintas sobre los motivos de su muerte: o bien Penélope lo propició asustada por el conocimiento de estas acerca de su amante o bien Odiseo las asesinó por la explicación homérica: se acostaban con los pretendientes, algo habitual en el caso de que hubieran sido invitados, pero en esta ocasión imperdonable por tratarse de sus enemigos. 

Penélope puede hablar por sí misma y defenderse, pero las criadas no tienen tanta fortuna. Sus humildes y repetitivas razones son quizá las más lúcidas del texto y nadie las atiende ni en el pasado ni en el porvenir.  

Muy recomendable, sobre todo para quienes conozcan la Odisea y gusten de los mitos griegos a los cuales se hace constante referencia. Las posibilidades interpretativas quedan abiertas y se apela a un entendimiento del sistema patriarcal de antaño, poderoso e injusto, sin olvidar, más allá de cualquier costumbre ancestral, el daño real e imperdonable ocasionado a doce inocentes que gritan a través de la potente voz con que Atwood las ha dotado.

No nos dieron voz
no nos dieron nombre
no nos dieron elección
nos dieron una cara
un sola cara 
Cargamos con la culpa
fue injusto
pero ahora estamos aquí
nosotras también estamos aquí
igual que tú


*Imagen tomada de Internet

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